lunes, 23 de mayo de 2011

Crónicas de Tailandia 6: El ferrocarril del Infierno

    Viernes, 21 de noviembre de 2008

La via circula y cruza constantemente el río Kwai
     El run run del trenecito mece nuestros cuerpos todavía medio dormidos a estas tempranas horas de la mañana. En cuanto dejamos Kanchanaburi, las calles llenas de motos y coches, llenas de comercios, de vendedores ambulantes y de extraños artilugios de transporte fueron sustituidos por los tranquilos y apacibles campos de arroz que se aferraban a la vía del tren, como queriendo recuperar el espacio que hasta no hace mucho fue suyo.

      Las ondulantes montañas cubiertas de jungla hasta sus cimas rompían el horizonte de la mañana, y el tren atravesaba cortes en las rocas y vetustos puentes de madera y acero que salvaban los cortes sobre el río Kwai. Esos cortes y esos puentes, esos raíles que tantas vidas humanas costaron.

     Parece mentira que esto hace apenas 60 años  fuera el infierno, en realidad esta línea de  tren ha sido bautizada como el Ferrocarril del Infierno, pues las sombras que proyectaban en las rocas los prisioneros iluminados por los faroles en la noche, hacían recordar a las almas en el infierno. Hoy, 60 años después, esto poco tiene que ver con aquella situación. En vez de campos de concentración, vemos cultivos de plátanos, arroz y ricino. Los pueblos que vamos atravesando conservan todo el encanto y tranquilidad propios de estas latitudes.  Hemos cogido el tren por puro gusto de viajar en tren, sólo la curiosidad de ver un poco más nos mueve, el gusto de viajar en tren a ninguna parte, al final de las vías. Y eso hacemos.


     Al llegar a Nam Tok, final de línea, el calor es abrasador (esto si que es un infierno) y como no tenemos intención de ir a las cascadas del no muy lejano parque nacional de Erewan, nos dedicamos a deambular por el pueblo y alrededores y subimos a una cueva. Espero que esta vez no haya pulgas ja,ja,ja... No hay mucho que ver y hablamos con un monje (este de los de verdad) hasta que llega la hora de salida del tren de vuelta. Esta vez nos toca un tren más desvencijado y tartano, y el sonido de su traqueteo es ensordecedor. Los asientos y el suelo de madera nos hacen trasladarnos al pasado, y el hecho de que viajes con las ventanas y puertas abiertas le da un encanto especial que en España hace muchos años que perdimos (recuerdo nuestros primeros viajes en el Canfranero). Es ensordecedor, pero puedes hacer lo que quieras en el tren. Me gusta ponerme en la puerta abierta que separa los vagones y contemplar cómo el paisaje desfila a toda velocidad frente a mi.


      Viernes 21

     Dejamos Kanchanaburi. He visto las postales de los famosos mercados flotantes tailandeses. En la guía apenas habla de ellos. Miro las postales y veo que la ciudad en la que se encuentran los mercados sólo sale en los mapas de la guía, pero no hace ni un comentario sobre ella. Se la han dejado fuera y eso puede ser un atractivo especial, un viaje a un lugar desconocido fuera de las guías turísticas.
     Hoy vamos a explorar, llegaremos hasta allí a ver qué da de si. Tomamos el autobús que conduce hasta Ratchaburi, que es donde supuestamente está el mercado flotante y allí nos enteramos de que en realidad tampoco esta allí mismo, sino a 25 Km. y para ir tenemos que tomar un furgón pick-up. Es decir un transporte colectivo donde la gente sube y baja en cualquier punto de la carretera. Nos toma casi hora y media hacer los 25 Km. pero la verdad es que lo pasamos muy bien. Por aquí no se ven turistas y eso se nota. La gente nos mira con curiosidad y bromean sobre nosotros. Hay muy buen rollo. La conductora de la camioneta flipa con los pelos de mis brazos. Claro, es que ellos apenas tienen vello en el cuerpo. La moda imperante aquí es estar blanco de piel y para ello se tapan casi completamente y en vez de bronceadores utilizan cremas blanqueadoras. El mundo al revés.

    Por fin llegamos a la ciudad que tiene un nombre muy raro. No podria ni indicar en un mapa donde estoy ahora exactamente, pero vamos, un poco en el culo del mundo. Bueno, aquí no hemos visto ni un turista ni medio en todo el día. La oficina de información turística estaba cerrada y nos hemos orientado por las indicaciones de un policía. Menos mal que Alberto habla un poco de Thai, porque aquí de inglés, nada de nada.



Almacén de plátanos junto a un canal
 Al final hemos encontrado un hotel (me siento como los pioneros de Lonely Planet, viajando sin saber a dónde vas, ni qué vas a encontrar, qué tiempos aquellos...) porque sólo debe haber 2 o 3 en la ciudad. Es para verlo, ja,ja,ja... increíble. No hay nadie, estamos completamente solos aquí. Es enorme, parece un hospital, o una escuela y tiene cierto aire de hotel soviético.  Las habitaciones son super espaciosas y por cuatro perras. En fin, una maravilla.

    Las dificultades empiezan a la hora de comer, pues aquí no hay ningún sitio para comer medianamente adaptado a lo occidental, pero no importa, estamos acostumbrados ya a la comida Thai de verdad (la que abrasa la boca) y nos adaptaremos.

    Pasear por las calles es un deleite. Todo el mundo nos mira, bromean, se sorprenden y algunos que balbucean un poquito de inglés se acercan a intentar hablar con nosotros. Los niños nos saludan y nos dicen Hello, y si les contestas “saw wadi kap” los tíos se ríen que no veas. Es increíble lo que puede hacer que un sitio no salga en la guía. Es como si no existiera para los turistas y permanece virgen o casi. Porque no nos engañemos, seguro que mañana en el mercado flotante veremos alguno o quizás muchos turistas, pero no hoy.

    Por la tarde paseamos por mercados auténticos y por calles llenas de canales. Esto parece Venecia. Con sus calles fluviales y las barcas aparcadas en las puertas de las casas. Gente amabilísima que se desvive por indicarte lo que les preguntas y  con un encanto especial. Esto promete. Mañana veremos el mercado en todo su esplendor antes de internarnos en la península de Malaca, hacia el sur, para  encontrar nuestro próximo destino. La isla de Ko Tao.

    Hasta pronto, besos. Perdonad que escriba un poco en plan telegrama, pero aquí cierran prontísimo el cibercafé y tengo que correr para contároslo. No sé cuándo volveré a pillar un ciber y tenía que vaciar un poquito mi cabeza para dejar sitio a nuevos recuerdos. Otro día os cuento más.

Casas junto a las calles de canales


martes, 17 de mayo de 2011

Crónicas de Tailandia 5: La cueva de las pulgas

  Miércoles 19 de noviembre de 2008



     La noche fue lluviosa. Cuando despertaba podía oir la fina pero constante lluvia golpeteando el tejado de zinc, lavando esta tierra verde. La mañana amaneció con el cielo cubierto pero ya había parado de llover.

     Hoy decidimos alquilar unas bicis para salir de la ciudad y ver sus alrededores. También estaba la opción de alquilar un scooter, pero dado que amenazaba con seguir lloviendo no nos pareció buena idea.

     Carmen, como me has preguntado sobre la forma de vida de estas gentes, te diré que lo que he visto hasta ahora no es muy diferente de lo que puedes ver en Europa. Es decir, que no hemos visto nada que se salga de lo común. La forma de ganarse la vida pues... como en todas partes. Comerciantes, oficinistas, vendedores, dentistas, médicos, policías, dueños de negocios, dependientes, gasolineros, pescaderos, carniceros, recepcionistas y camareros, mecánicos, agricultores y artesanos... Como en todas partes. Supongo que habrá muchas zonas donde la vida sea más tradicional, pero no por estas zonas. Los poblados tienen luz eléctrica, internet y televisión. El carácter de la gente es muy tranquilo, vamos, bastante pachorrón. No los oyes discutir nunca, pues para ellos discutir y levantarse la voz agresivamente es una gran ofensa. Son muy reverenciales y si les das las gracias o los buenos días en su lengua, juntan las manos, se las llevan a la cabeza y la inclinan, en un gesto de reverencia. También hacen esto cuando alguno pasa delante de un templo. Si que llama un poco la atención el hecho de que se haga mucha vida en las márgenes de los grandes ríos. Hay muchos pueblos sobre pilotes o palafitos y la gente utiliza las barcas para sus desplazamientos. Por lo demás decir que aquí se anda muy poco. Todos van en coches y motocicletas. Y los que no tienen vehículo propio utilizan furgonetas compartidas o moto taxis, algunas motos llevan acoplados un banco con rinconera realmente curioso. Pero es difícil verlos caminar, parece que no lo conciban y se extrañan cuando les dices que vas a ir andando hasta cierto lugar en vez de tomar un taxi.
    Hoy salimos al campo y si que vimos gente de otras etnias distinta a los Thai. Muy cerca de aquí viven los pueblos Lao y Mon. Y aunque muchos de ellos ya viven en la ciudad y no puedes distinguirlos, hoy si que vimos algunos auténticos, aunque sin su colorido traje tradicional, con sus rasgos más achinados y pieles más curtidas debido a la dura vida en las montañas.
     Lo que si que es una gran diferencia respecto a los occidentales es su gran sentido de la religiosidad. Prácticamente en la entrada de todas las casas veremos un templito santuario, una especie de miniatura de casa china, en la que ponen figuritas, desde budas y dioses hindúes, hasta figuritas de elefantes, niños, etc... y siempre tienen, flores, incieso y velitas. Muchas veces los ves por la mañana con un buen puñado de varitas de incienso, en posición de reverencia y sacudiéndolas a ambos lados de sus cabezas, dando gracias a sus dioses y supongo que pidiéndoles que les vaya bien el día o sus ventas. Ahora por ejemplo, en este cibercafé veo dos templitos (si, si, dentro del ciber) y varios retratos de monjes, budas y por supuesto el omnipresente retrato del rey. Esta gente está muy orgullosa de su familia real y exhiben sus retratos por todas partes, y la bandera real ondea en muchas calles, junto con la de Tailandia.
     Otro caso aparte son los monjes. Hay muchos. Claro, como no va a haberlos si todos los hombres tienen que dedicar un año de sus vidas a serlo. Es como el servicio militar. Los novicios (suelen ser niños) rapan sus cabezas y se colocan sus túnicas color azafrán y siguen las enseñanzas budistas. Pero no dejan de ser niños. Los ves jugar, revoltosos y con la típica curiosidad infantil.  Luego, si quieren pueden tomar definitivamente los hábitos.
     También hay monjas. Igualmente con la cabeza rapada, pero sus túnicas en vez de anaranjadas son blancas. Se ven muchas menos que hombres, pero tambien hay. Y a groso modo, más o menos es lo que he visto por aqui.

      Alquilamos las bicis y nos fuimos paseando por la ciudad. Eran unas bicis muy cómodas y prácticas. Pedaleando llegamos a uno de los dos cementerios donde descansan los restos de los soldados aliados. Llamaba mucho la atención lo bien cuidado y simétrico que parecía todo. Con sus pequeñas lápidas de mármol sobre el suelo. Luego empezamos a pasear por allí y a leer las lápidas y sus dedicatorias. Estaban agrupados por nacionalidades. Dios..... se me empieza a formar un nudo en el estómago. Son casi niños. El más joven que vi tenía apenas 19 años, el mayor 43. Hay miles de lápidas... Empiezo a conmoverme, todas tienen una inscripción de sus familias... Gente que perdió a sus hijos, maridos, hermanos, en esta parte del mundo. Algunas tienen un mensaje un poco castrense y de orgullo nacionalista, pero las mayoría son de una sensibilidad y un cariño...que emocionan muchísimo. Cuanto dolor hay aquí enterrado, la muerte siempre provoca dolor, pero todo esto... esto es distinto. Mis lágrimas brotan leyendo las inscripciones. Es imposible permanecer impasible en este lugar.
      En España acabábamos de salir de la guerra civil y bastante teníamos con lo que teníamos. Pero en lugares como este te das cuenta de las  verdaderas dimensiones y lo dramático que fue la II Guerra Mundial. Las consecuencias de la locura de un loco alemán que quiso dominar el mundo bajo la fuerza. Cuánto dolor, cuánto sufrimiento, las estimaciones más bajas hablan de 50 millones de personas muertas....

     Con gran congoja nos fuimos de allí. Dejamos la ciudad y salimos al campo. Los verdes campos de arroz y de ricino se abrían paso entre los restos de los bosques y la multitud de canales circundantes. En los canales más grandes, pequeños poblados flotantes se aferraban al río. En los brazos del río vimos unas curiosas construcciones. Son como pabellones de madera flotantes. Son los famosos  karaokes flotantes de esta ciudad. Los fines de semana, los habitantes de Bangkok vienen en tropel a cantar aquí. Tuvimos la ocasión de ver uno en funcionamiento esta misma mañana. Un pequeño barco remolcador arrastra una de estas plataformas techadas río arriba. El espectáculo es surrealista. La música estridente y el que canta que lo hace fatal y un gran grupo de personas baila en el centro mientras otros los miran sentados en sus bancos. Pero...¿esto que es? ja,ja,ja.... De verdad que es para verlo, es super extraño. Los fines de semana tiene que ser terrible, con todas esas plataformas deambulando arriba y abajo, y con lo mal que cantan... qué estruendo!! Menos mal que no estaremos aquí.

     Paro junto al bosque y hay una pequeña charca. He parado a ver que son unas manchas rosáceas que hay sobre las ramas. Resultan ser montones de pequeños huevos agrupados. Pero.. ¿de que pueden ser? La respuesta esta en el agua. Veo montones de grandes caracoles, pero grandes como mi puño, que se aparean dentro de la charca. Tienen aspecto de caracolas marinas. Son muy extraños, pero mas extraño todavía es algo que veo y no se si son peces, larvas, renacuajos o que. Filas de lo que parecen ser peces se alinean a lo largo de la superficie. Tienen una bolsa redonda en la superficie y el cuerpo con forma de flecha. Parece un estado de metamorfosis de algún animal, pero de repente uno rompe la formación, se lanza a toda velocidad al fondo y vuelve a subir a su sitio. Que extraños son... y esto en una pequeña charca de unos 10 metros de largo junto a la carretera. ¿Qué no habrá en esas selvas que tapizan las montañas que nos rodean?

      Seguimos adelante, pasamos otro cementerio de guerra, pero ni asomarme quiero después del mal rato que pase antes. Nuestro destino es una cueva templo que hay más adelante.
      Cuando llegamos nos encontramos un templo edificado como muchos que hemos visto anteriormente. Pero luego entras en la cueva y realmente te sorprendes...  Empiezas a bajar y en la primera sala hay un Buda tumbado y muchos dioses entre los recovecos de la roca. Huele de maravilla, un olor a flores e incienso lo impregna todo. Se está realmente bien, bien. No sólo por lo refrescante de la temperatura, que también. Pero hay algo más, hay una enorme sensación de paz y bienestar. Después de un rato disfrutando de esa sensación seguimos. Yo pensaba que iba a ser alguna cueva pequeña. Pero no. Después de unos pasillos entre grandes y curiosas formaciones de estalactitas, columnas, estalagmitas, coliflores, corredores, simas, etc... van apareciendo pequeñas salas, todas con sus deidades y sus altares. Es increíble, que extraña mezcla de naturaleza y religión. Algunos corredores son realmente estrechos y empinados. Las rocas fracturadas forman grandes grietas sobre nuestras cabezas y por allí nos abrimos paso. Es super, super curioso. Hay formaciones espectaculares, y seguimos bajando. Empieza a hacer calor allí dentro. Y finalmente llegamos a una sala de grandes dimensiones. Allí hay un Buda de considerable tamaño, muy llamativo, y luego de esa sala parten una serie de senderos que llevan a otras más pequeñas.
    
      En uno de estos senderos es donde tenemos una mala experiencia. Cuando llego al final de donde conduce, empiezo a notar un hormigueo en los pies, tobillos y pantorrillas. Me miro y esta lleno de pequeños puntos negros en movimiento. Joder, ya he pisado un hormiguero pienso, pues si que han sido rápidas en subir. Miro los pies de Javi y están igual. Salimos hacia la sala para quitárnoslas, pues allí hay mas luz junto al gran Buda.
      Dioooosssss..... no puedo creerlo, no son hormigas..... son.... ¡¡¡¡pulgaaaas!!!!!..... Cientos de pulgas cubren nuestras piernas. Es algo impresionante, quien podría pensarlo. Estuve en Etiopía y apenas pille 3 o 4 y pulgas y aquí en Tailandia, cientos de pulgas acababan de subir a mis piernas. Y no creáis que exagero cuando os digo  que eran cientos. Nunca había visto nada igual.
      El pánico inicial duró poco. Había que hacer algo y rápido. Tras comprobar que era inútil tratar de apartarlas a manotazos, recordé que llevaba el bote de repelente en la mochila. Lo saqué y después de una rociada la mayoría había desaparecido, pero aún quedaban, y eso sólo las que podíamos ver en las piernas desnudas  ¿Qué no habría en los pantalones y camiseta?  Subimos rápidamente a la superficie y allí, a la luz del día, vimos que teníamos muchas todavía. Empezamos a cazarlas una a una. Teníamos en las sandalias, camisetas y pantalones. En piernas y brazos. Al final tuvimos que desnudarnos y buscarlas por la parte interna de la ropa. Finalmente, tras largo rato creo que nos libramos de ellas.
      Nos costó tener que volver al hotel, a ducharnos y quitarnos la ropa, meterla en una bolsa de plástico y llevarla a la lavandería. Tenemos unos pocos picotazos en pies y piernas, pero creo que ya no tenemos ni una en el cuerpo. Eso si, para lo que podía haber sido, tenemos mucha suerte.

      Para que luego digan que la religión es tan buena....ja,ja,ja.... menudo recibimiento.
     Bueno, mañana más. Besos, chao

lunes, 16 de mayo de 2011

Crónicas de Tailandia 4: El puente sobre el rio Kwai‏

Crónicas de Tailandia 4: El puente sobre el río Kwai‏

      martes, 18 de noviembre de 2008



    El tiempo se contrae, unas veces pasa veloz y devoras los días, pero luego echas la vista atrás y sucesos recientes parecen muy lejanos en el tiempo.  Hemos encontrado a mucha gente que se viene a pasar el invierno aquí. Gente que tiene trabajos estacionales y solo curra 6 meses al año,  se vienen a vivir aquí durante 3 meses y algunos hasta 6 meses. Qué envidia, viven siempre en verano. Ayer encontramos una pareja de Mallorca que van a estar hasta mayo, tienen una tienda y la cierran hasta el próximo verano. Viajan con un niño de un 1 añito y tan felices. Todo esto viene a cuento por lo que os decía sobre que se pierde la noción del tiempo. Si yo en una semana ya me he comido un día, no me imagino la despreocupación de esta gente que viene para 3 meses o más.

     Al final hemos decido pasar del norte, que estaba muy lejos y hace mucho calor, y venirnos al oeste, a la ciudad de Kanchanaburi, muy cerquita de la frontera birmana. Pensábamos que esta zona estaría fuera de los circuitos turísticos mas trillados pero la verdad es que la ciudad en si, esta repleta de turistas. Más si cabe que Ayuttaya, o al menos aquí se dejan notar más. A partir de aquí empieza un famoso camino, que todos habréis visto alguna vez en la tele, es una famosa película, un clásico del cine de guerra: El puente sobre el río Kwai.

     Hemos cogido un autobús para venir hasta aquí y me ha sorprendido el grado de desarrollo de este país. La carretera es una nacional normal y corriente, pero en todo momento tenía dos carriles, es decir, como una de nuestras autovías. Aunque hemos atravesado grandes arrozales y pueblos de palafitos sobre los ríos, el paisaje circundante era predominantemente urbano e industrial.
     En el autobús hemos conocido a un italiano que habla perfectamente el español  y se nos ha unido. Hoy estamos tres. Se va a pasar aquí 4 meses, trabaja en el aeropuerto de Milán y gracias a los contratos basura que se aplican ahora en Italia, puede permitirse viajar tanto tiempo. Ya véis, lo que para unos se convertiría en una gran putada, para otros supone el poder viajar libremente. Las cosas son del color  con que tú las veas. 

     También en el autobús viajaban dos americanos que nos han recomendado un hotel y aquí estamos. Es un bonito hotel ajardinado y con bungalows, que aunque no son maravillosos, tienen su encanto. Y sobre todo lo que más nos encanta es el precio: 200 baths, que al cambio son 5 euros, o sea que hoy nos costara dormir 2 euros y medio a cada uno.
     Por la tarde fuimos a ver el famoso puente ferroviario que cruza el río Kwai. Está a las afueras de la ciudad.  Resulta que durante la II Guerra Mundial, los japoneses necesitaban abrir una vía estratégica de abastecimiento hasta Birmania, con el propósito de invadir la India, bajo la ocupación inglesa por aquel entonces. Para ello idearon construir un ferrocarril desde esta ciudad  hasta la frontera birmana cubriendo una distancia de unos 250 kms. desde Kanchanaburi, la ciudad donde estamos ahora (la longitud del trazado ferroviario tenia un total de 415 kms.).  El problema es que separando esta distancia se extiende una escarpada cadena montañosa cubierta de junglas apenas exploradas y estrechos desfiladeros. Para construir la linea férrea, los japoneses utilizaron a los prisioneros aliados. Mas del 70% de los que trabajaron aquí, murieron debido a los extenuantes turnos de trabajo de hasta 18 horas diarias y el maltrato a que les sometieron sus captores. Se calcula que mas de 10.000 prisioneros franceses, ingleses, holandeses y neozelandeses murieron durante la construcción de la vía, a parte de unos 90.000 asiáticos que también murieron aquí. Impresionante, este campo de exterminio a base de trabajos forzados eliminó a más de 100.000 personas en los 16 meses que duró la construccion de la vía.
Los ingenieros japoneses habían calculado que serian 5 años de trabajo, o sea que imaginaros al ritmo a que debieron someter  a los prisioneros.

   Hoy en día, hay 2 grandes cementerios de guerra en la ciudad y un monumento conmemorativo. Mañana iremos a visitarlo. Hace poco fue el día de los caídos y vienen muchos familiares extranjeros a recordar a los suyos. También hay un par de museos sobre el ferrocarril y viejas locomotoras japonesas. El puente estuvo activo durante 20 meses hasta que fue bombardeado por la aviación inglesa, posteriormente reconstruido y vuelto a bombardear. Hoy en día está reconstruido pero el tren ya no llega hasta Birmania. Se queda a unos 100 kms. de aquí, en la pequeña ciudad de Tam Rok. Creo que iremos hasta allí. Porque además el paisaje más impresionante se encuentra a partir de aquella zona.
    Ya os contaré. Saluditos.


Puente sobre el río Kwai