lunes, 27 de agosto de 2012

Relatos desde India 7: La verde Kerala


               6 de Noviembre de 2009

Fuimos al RRR Hotel a probar la típica comida del sur. Es como la del norte, pero quizás aún más especiada, aunque menos picante. Quizás es que ya me he acostumbrado al picante y ya me parece más suave, no sé. El caso es que en esta zona es típico que en vez de en un plato te sirvan la comida en hojas de plátano y te la comas con las manos. Es muy exótico, pero un poco raro. Allí en España estamos acostumbrados a comer con las manos las costillas o las gambas o un muslo de pollo, pero no el arroz. La gente mezcla las salsas sobre un montón de arroz que se pone sobre la hoja de banano y para adentro.

     Me hace gracia porque recuerdo que mi padre siempre me decía que no se come con las manos, anda que si levantara la cabeza y me viera con todos los llenos dedos de salsa de curry...  Es una buena manera de no tener que lavar los platos ni los cubiertos. La verdad es que aprovechan totalmente la planta del banano, por un lado los sabrosísimos plátanos, por otro lado las hojas usadas como plato y luego, junto con los restos de la comida se las echan a las vacas, y por otro lado pelan el tallo y dejan la médula blanca que se come cortada a trocitos una vez cocinada. Vamos, que no queda  prácticamente nada de la planta.

 

    Anteayer nos despedimos de Imma. Ella ya acaba su viaje. La acompañamos a la estación de autobuses a coger un bus hasta Bangalore, desde donde tiene un vuelo a Bombay. Nos dio mucha pena despedirnos de ella, era la más divertida de los tres. En cierta forma también me dio un poco de envidia, pronto estará con la gente a la que quiere, lo pas,o mal durante el viaje, la comida, diarreas, catarros, fiebre.... Dijo que lo primero que se iba a comer cuando llegara sería un bocadillo de jamón, mmmmhhh.... qué rico. Es lo que tiene el viajar, que a veces también echas muchas cosas de menos, las personas, tu casa con tu cama, tu sofá, tu cuarto de baño, pero el que algo quiere.... Yo no sé qué será lo primero que coma cuando llegue, ¿quizás cordero, sepia a la plancha? tengo días para decidirlo. El viaje ahora empieza una nueva fase, ahora solo estamos dos.

  

    Después de dejarla nos fuimos de compras. Mysore es famosa por sus tallas de madera, hay muy buenos artesanos en esta ciudad y suelen utilizar la madera de sándalo, con su inconfundible perfume. Pero es una madera muy cara. El caso es que quería comprarme una talla de madera. Otros años suelo comprar regalos para mucha gente, pero este año creo que será diferente. La verdad es que tampoco he visto nada que me guste especialmente, mucha ropa y cacharrería jipilona que luego no sabes qué hacer con ella. No sé, como no me dé al final por ponerme a comprar creo que volveré ligerito de equipaje. Y viendo las preciosas tallas de madera que hacen aquí creo que este año invertiré en mi mismo.

  


     Como no encontraba tiendas, visité un par de Emporiums del gobierno. Había muebles y tallas increíblemente bonitas y con un trabajo super refinado. Pero los precios eran prohibitivos, yo creo que incluso más caros de lo que costarían en España. Y como no conseguía que me entendieran cuando les preguntaba por las  "wood carving factories" o sea, donde las fabrican, al final encontré a un señor que me lo tradujo al canara (la lengua que se habla en Karnataka) y un ricksaw me llevo hasta allí.
    


Frente a frente, mezquita y catedral conviven y compiten
por llevarse a los niños cada una a su confesión
     Bueno, bueno… Había tallas buenísimas, ahí lo difícil era decidirse por alguna. Pues había tanta variedad y tantos precios.. no me quería gastar demasiado y tenía que ser algo que me pudiera traer yo mismo, pues muchas eran demasiado grandes para traértelas en el vuelo de vuelta. Primero descarté las de madera de sándalo, pues eran como unas 3 veces más caras que las otras y me daba igual que olieran o no.
     Al final elegí un Krishna, dios de la música, una talla de cedro blanco muy elegante ¿Su precio? al cambio.... 38 euros!!!!!!  Impresionante. Por tallas más pequeñas y de peor calidad me pedían en los emporiums 400 ó 500 euros, más de 10 veces su valor en la fábrica. No quiero ni pensar cuánto costarán en España. Vamos, que me fui más contento que chupillas. 


     Una de las curiosidades que me enseñaron en la fábrica era una pequeña cápsula de madera de sándalo. En su interior había una semilla poco más grande que una lenteja. En uno de los lados había una minúscula tallita de madera blanca, era un elefante perfecto. Muy curioso y muy bonito, pero cual no sería mi sorpresa cuando me mostraron que el diminuto elefante en realidad era el tapón de la lenteja y dentro había.... ¡¡unos 20 ó 30 elefantitos de apenas un milímetro!! ¡¡con todos sus detalles!! Impresionante, me pareció magia que se pudiera tallar una cosa tan diminuta con tanto detalle. Me explicaron que se usa en astrología y en la magia.
  
Plantaciones de té en Munnar
En primer término las hojas que luego servirán de infusión
     Luego teníamos que irnos a nuestro próximo destino: Munnar, el pueblo de los campos de te. Solo había un bus diario y casi nadie conocía que se pudiera hacer directamente ese trayecto. Costó trabajo averiguarlo, pero existía la posibilidad.

    Nos presentamos a las 5 de la tarde para asegurarnos una plaza. Nos dijeron que salía a las 6. Y nos dieron las 6, las 7 y las 8 y el autobús que no venía. Se ve que se había estropeado y tenía que venir otro autobús desde Bangalore, una ciudad que estaba a 3 horas de camino. La espera fue interminable pues nadie sabía nada. Anocheció y entre las sillas de espera comenzaron a salir y a corretear ratas, no muchas, solo 3. Pero era una pasada verlas corriendo entre tus pies, cogiendo los restos de comida que dejaban las personas mientras esperaban, cáscaras de cacahuetes, trozos de galletas y de vez en cuando pasaba alguna con una hoja de periódico para acolchar su nido. La gente ni se inmutaba, era algo de lo más normal, pero no para Sonia ni para mí.

   
Las plantaciones lo cubren todo
     Empezamos a desesperarnos por la espera, yo pensaba que íbamos a tener que quedarnos a dormir otra noche en Mysore y al día siguiente cambiar la ruta. Pero entonces apareció un autobús a Ernakulam, y decidimos tomarlo. Desde allí llegaríamos a Munnar con otro autobús, pues ya dentro del estado de Kerala seria más fácil encontrar bus hasta allí. La combinación era mucho más larga y cansada, pero bueno, o eso o quedarse esperando y no nos lo pensamos.

  
Las plantaciones dibujan el contorno del suelo
     El paisaje de Kerala era muy bonito, los cocoteros y las selvas se habían apoderado del horizonte. Pasamos por grandes cascadas, bosques de bambú, cultivos de caucho y de eucalipto.  Luego el pequeño bus de transporte local que nos llevó a Munnar empezó a subir, renqueando, las duras carreteras de los Ghates occidentales, las montañas selváticas que separan la costa de las tierras altas del interior. Tras cuatro largas horas y media más llegamos a los montes de Munnar. El paisaje era sorprendente. Nunca había visto plantaciones de té. Los arbustos no son muy altos, algo así como un metro o metro veinte. Para cortar el te pasan unas varas y cortan las hojas que sobresalen, las más nuevas y de color más claro. Es impresionante ver los cultivos.  Parecen una piel vegetal que se aferra a la tierra, adaptándose a cada forma de las colinas, a cada barranco, a cada vaguada. Muy bonito la verdad.
 
    
     Las plantas tienen una base leñosa antigua y gruesa y de ahí salen las ramas, tienen forma de paraguas y están separadas lo justito para que pase una persona recolectando, por lo que al verlas desde lejos, las colinas se ven como una retícula de arbustos perfectos, todos de la misma altura. Solo las Ipomeas y las Lantanas que crecen en las lindes de los caminos rompen la tiranía monocromática del verde.

   Lo malo es que poco duró la alegría. Han entrado nubes y se ha puesto a llover. Y estamos hechos polvo. Llegar hasta aquí nos ha costado 19 horas desde que nos fuimos a buscar el autobús. Apenas hemos dormido pues la carretera tenía muchas curvas y dormíamos a ratitos. O sea que esta tarde poco se puede hacer. Toca quedarse en el hotel, calentitos y ver la tele o leer. Como una tarde de domingo lluviosa en Zaragoza. El cuerpo lo agradecerá.
 
Recolectoras del té
     Tras dormir largas horas vemos que el día nos ha traído la niebla. No llueve, pero los campos de té aparecen y desaparecen constantemente. Es una pena haber venido hasta aquí y no ver los campos en su esplendor, de un verde radiante bajo el sol y con las mujeres vestidas de vivos colores recogiendo las hojas. Pero igualmente está muy bonito.
   Cuando la niebla lo permite, vemos los ondulados campos de té dibujando el relieve de las colinas, como una piel vegetal. Nos vamos a recorrer un sendero que lleva a un mirador, pero en lugar de las plantaciones perdiéndose hasta el horizonte solo podemos ver las blancas nubes que se han apoderado de todo alrededor.

     Luego nos internamos en unas junglas que tienen un ambiente muy especial con la niebla. Los grandes árboles aparecen fantasmagóricos entre la neblina teñida de verde. Pequeños arroyos corretean bajo la alfombra vegetal, invadiéndolo todo con su sonido, se oye la voz de extrañas aves y en algunos lugares el sonido de multitud de insectos se apodera de los espacios vacíos entre las hojas. Es muy relajante.

 
Trabajadoras de la carretera
     Luego aprovecho que la niebla ha subido un poco y me voy solo a recorrer las plantaciones de té. Sonia se quedó en el hotel, y allí en la soledad, puedo apreciar la grandeza y el trabajo de estos paisajes. Veo a un grupo de mujeres recogiendo las hojas, con sus chubasqueros hechos de plástico transparente. Recorro los senderos que serpentean por las colinas, siempre acompañado por las cuidadas plantas de té. Pocos cultivos debe haber en el mundo que sean tan cuidados y mimados como estos.
 

Diminuto entre árboles gigantescos
   
  Además de té, aquí se plantan muchas especias, cardamomo, pimienta, vainilla, canela y café entre otras.
   
 Apuraremos hasta mañana a ver si cambia el tiempo y podemos ver esto con sol. Aunque parece que no va a ser así. Las nubes están muy metidas y no sopla el viento.

Quizás vayamos a ver alguna cascada, hay unas cuantas por esta zona. Y si no nos iremos a nuestro próximo destino: la ciudad de Kochin.


    El viaje debe continuar, nuevos destinos nos esperan. Como dice la canción de Queen, Show must go on.

Con o sin lluvia, las recolectoras del té se afanan en recoger las valiosas hojas
 

jueves, 5 de julio de 2012

Relatos desde India 6: La bendición del elefante



         3 Noviembre 2009

          El elefante cogió la rupia de mi mano y a continuación me tocó la cabeza con su trompa. Era muy pesada, pero la puso con bastante delicadeza sobre mi cabeza, cosa bastante de agradecer, pues había visto como a otros les había tocado con un poco más de fuerza. La verdad que me dan un poco de miedo los elefantes, desde que vi en el youtube lo que son capaces de hacer con la gente cuando se les cruza el cable y les da la locura, algo que ocurre con más frecuencia de lo que pensamos.

    

    El caso es que estaba en el templo de Hampi y allí es tradición que un elefante te dé su bendición tocándote la cabeza. Estaba elegantemente adornado, con una armadura dorada sobre su frente, pinturas de colores en las orejas y cubierto por una manta roja. Es como los engalanan en esta zona. La ciudad de Hampi es una ciudad sagrada para el hinduismo y está llena de peregrinos.



    
     Son los que vi la otra noche durmiendo en el patio. Otros muchos duermen en hostales especialmente dedicados para ellos. Los ves con sus ropas blancas, sus frentes pintadas con la U de Shiva, otros con tres trazos horizontales amarillos sobre la frente, cada uno con sus signos. Había también muchos Hare Krishna. La verdad es que hasta ahora era el ambiente más religioso que habíamos encontrado en toda la India.

  
    En el río los peregrinos se bañaban, hacían sus plegarias sobre pequeños altares improvisados y otros lavaban sus ropas, extendiéndola luego sobre las orillas para secarla. El colorido de los saris extendidos sobre los pequeños ghats (o escaleras para bajar al río) era espectacular. Al fondo las siluetas de pequeños templos sobre las grandes rocas dentro del cauce del río. Más allá, las rocas amontonodas por los gigantes....  Era como una especie de Benarés en pequeñito. Al ser una ciudad sagrada no hay carne ni alcohol, la dieta es estrictamente vegetariana, pero hay mucha oferta y comemos bastante bien. Para los que no lo sabéis, deciros que la India es un país donde más de la mitad de la población es estrictamente vegetariana.
    
  
      Hoy hay mucho movimiento en Hampi. Han venido muchos peregrinos y en el gran templo hay una boda. Nunca había visto una boda hinduista y me quedé a ver la ceremonia. Hacen unas guirnaldas de flores y se las colocan a los novios, luego la novia esparce unos polvos de diversos colores sobre una bandeja llena de cocos.

      Luego se echan granos de arroz teñidos de colores, primero entre ellos y luego a todo el personal que estaba alrededor. La música suena de fondo. Son tambores y unas trompas curvas, con forma de cuerno de elefante.

   
 Los músicos visten de blanco con turbante amarillo. La verdad es que es bastante más alegre y espectacular que nuestras bodas.

  
La señora con la que me querían casar
       Luego los allí presentes empiezan a bromear conmigo y a decirme que me quieren casar con una señora que hay allí. Me da la impresión que se están burlando de ella. Es una señora de unos 40 o 45 años que está participando activamente en la ceremonia. Las burlas siguen y todo el mundo se ríe. Creo que esta mujer debe estar señalada de alguna manera en el pueblo, no sé, como si tuviera algún estigma que pagar de su pasado, algo así como una madre soltera o esposa infiel. No sé, me molesta que se rían de ella a mi consta.

   
     En el templo destaca la gran Gopuram, de unos 50 metros de altura, y su patio porticado. Las columnas están hábilmente esculpidas. Luego tras el templo central propiamente dicho, hay unos cuantos altares menores donde la gente hace sus ofrendas de dinero, incienso y flores y recibe el agua sagrada de los brahmanes. La verdad es que es bastante bonito de ver.



     Una forma de misa distinta, sin sermones, de tú a tú, los dioses y tú, pues los brahmanes sólo intervienen para cantar, dar el agua bendita que los fieles beben y de vez en cuando pasar una lámpara con el fuego purificador.

  
        Fuera en la calle hay mucho ambiente hoy también. Viene un ministro de visita y hay mucha policía y hasta una unidad móvil de televisión. Grupos de percusionistas tocan ritmos desenfrenadamente, unos con pañuelo rojo en la cabeza, son unos 15 y el que lleva el bombo gira sobre si mismo con mucha energía, usando el bombo de contrapeso. El otro grupo de percusionistas es algo más pequeño y visten con un atuendo que parece africano, como unas pieles de tigre. Estos además de tocar se dedican a hacer acrobacias y piruetas sobre los tambores. Es muy espectacular verlos actuar. Pero no podemos quedarnos más, debemos coger un tren en Hospet, que nos llevara a Hubli, y allí tomar un tren nocturno a Mysore, nuestro próximo destino.

  
      Pero antes contar brevemente que el dia anterior alquilamos un ricksaw (es como un motocarro, pero de pasajeros muy habitual en India como taxi)  y nos fuimos a ver muchos de los templos que hay esparcidos por estas montañas.
    
Establos de elefantes, los antiguos garajes
    Vimos los grandes establos donde antes guardaban a los elefantes de los reyes Virijayanas, algo de los restos de sus palacios y algún templo bastante espectacular, pues están profusamente decorados con bellas y finas esculturas a pesar de la dureza del granito con el que están construidos.


     Menudos artistas, qué manos más diestras,  qué perfección conseguida sólo a base de martillo y escoplo.
     Y si estos templos me gustaron debo admitir que la naturaleza circundante casi me ha gustado más todavía. Es una dura competencia la de la escultura del hombre con la de la paciente erosión.

    La verdad es que hay formaciones espectaculares y la única pena es que hay una calima que difumina las formas lejanas, y no sé cómo se apreciará en las fotografías. El monzón ha terminado hace apenas 3 semanas y toda esa humedad está saliendo ahora del suelo dándole ese aspecto de calima a estos paisajes sorprendentes.

   
     Para terminar el día vamos a ver la puesta de sol a lo alto de uno de estos montones rocosos. Allí arriba hay un monasterio hare krishna. Se ve que los tíos están tocando música 24 horas al día, como para tenerlos de vecinos vaya… El lugar es tremendo... Desde las viseras de roca podemos contemplar un inmenso horizonte, el valle verde con su río serpenteante, la carretera que se ve diminuta desde aquí arriba, los palmerales, los montones de bloques de granito esparcidos por todas partes y al fondo, el perfecto disco naranja del sol que lo va tiñendo todo con su luz rojiza.

    Es una puesta de sol grandiosa, en un sitio privilegiado.  Creo que me costará olvidarla.
  

   


    
      Al día siguiente, después de la boda, los tambores y demás, nos vamos de Hampi. Tenemos que ir hasta Hospet, el ambiente es bastante curioso allí, la gente lava los coches y camiones en el río, que es de color rojizo por la cantidad de arcilla que lleva disuelta. Todo adquiere un tono rojizo allí, pues además de los vehículos también lavan en el río la ropa y a ellos mismos. Las chabolas de madera y plástico contrastan con el lujoso hotel en construcción, un gran palacio que está en obras pero que ya luce en la entrada una enorme lámpara de araña con multitud de cristalitos.

  
     Hay un poco de confusión en la estación de Hospet, pues primero nos habían dicho que nuestro tren salía a las 4, luego que a las cinco, luego que a las 4 otra vez y finalmente salimos a las 4 y media, pero no era un tren expreso como nos habían dicho y nos habían vendido los billetes, sino un regional o local, vamos lo que vulgarmente los viajeros conocemos como borreguero.  Es decir que todos esos cientos de personas que estábamos atestando el  andén teníamos que entrar en el tren que ya venía bastante lleno.
      Bueno, ahí hubo de todo, empujones, codazos, menos mordiscos creo que de todo. Tuvimos que luchar y ponernos un poco burros como ellos, pero al final entramos. Eso si, no veas para moverte dentro.... Después de un rato de apreturas conseguí hacerme con una de las literas superiores y allí entre equipajes pude hacer el viaje medianamente cómodo. Al rato Imma consiguió hacerse con otra litera y Sonia tuvo que compartir asiento con ni se sabe cuántas personas y 4 o 5 bebés.
     
La estación de Hospet
     Es una pasada, con todos los que son y todavía siguen naciendo muchos más. No sé dónde se van a meter, la verdad.  Bueno, el tren era para verlo, desde la litera de arriba yo no veía nada más que cabezas, pero la vendedora de cacahuetes, con la gran bandeja que portaba conseguía atravesar la multitud pregonando la mercancía. Si tiro algo desde arriba no toca el suelo. La única preocupación es que como estos trenes paran en todos los pueblos del camino no sabíamos si íbamos a llegar a tiempo a Hubli para nuestro trasbordo. Pero finalmente lo conseguimos y la experiencia resultó finalmente divertida y curiosa. Haciendo tablas....  

    
Interior del borreguero
      Con el otro tren no hubo problemas, realmente era un expreso y teníamos nuestras literas numeradas, o sea que hasta pudimos dormir, aunque no mucho pues finalmente hemos decidido bajarnos antes de llegar a Mysore y aprovechar que pasamos por Hassan para hacer una excursión de día que recomiendan las guías. O sea que ponemos el despertador y a las 4 y media de la mañana llegamos a Hassan. Allí cogemos un ricksaw y vamos a la estación de autobuses. Hay algo de gente y movimiento pero la consigna está todavía cerrada. Hace frío y nos abrigamos como podemos. Finalmente a las 6 abren la consigna y dejamos allí el equipaje. Luego cogemos un bus y nos vamos a Belur que esta a 45 kilómetros a ver un templo, máximo exponente de la arquitectura Hoysala. La verdad es que fue una aventurilla bastante chula.


     El templo era bastante guapo y la escultura de un detalle finísimo. Luego vimos una pequeña ceremonia que hicieron dentro y ya cogimos otro autobús para volver a Hassan a buscar nuestro equipaje. Y luego otro autobús que tras tres horas atravesando verdes campos de arroz nos llevó hasta Mysore, desde donde os escribo ahora.

  
      ¿Y qué decir de Mysore? pues que es una ciudad un poco atípica. El ambiente es muy bueno aunque a determinadas horas hay mucha, mucha, mucha gente en las calles. Esto es un bazar gigantesco y los gremios se aglutinan por calles, aquí los zapateros, allí los de ropa, aquí la electrónica, allí los libreros… El mercado de frutas y hortalizas es inmenso y lleno de colorido, el paraíso para un fotógrafo. 

   Hay muchos jardines por toda la ciudad y muchos edificios con una arquitectura bastante curiosa, algunos son restos de la colonia británica y otros son de estilo Indo-musulmán, bastante espectaculares con sus grandes cúpulas de relucientes colores.

 

Brahamanes antes de la ceremonia

      Pero la gran atracción de la ciudad es el Gran Palacio. Lo hemos visitado esta mañana y me ha gustado muchísimo, la verdad. El gran edificio lleno de ventanales y rematado por varias cúpulas rojizas es de nueva construcción, de principios del siglo XX pues el anterior palacio se quemó en un incendio. La pena es que no dejan hacer fotos dentro, porque de verdad que es de cuento de Aladino, con sus grandes salas llenas de curiosas columnas rematadas con arcos lobulados. Todo pintado de colores muy chillones que le dan un aire muy kitsch.


Palacio de Mysore

    Los techos y puertas exquisitamente labrados, techos de vidrio de colores imitando plumas de pavo real. Puertas intrincadamente labradas  ¡¡¡completamente de plata!!!!  Otras de una refinada y grandiosa taracea, de madera de sándalo lleno de bellas incrustaciones de nácar y de hueso con finos dibujos. El trono de plata y las sillas de invitados.....¡¡¡de cristal tallado!!!!  Nunca había visto nada igual.  Los palacios del Rajastan palidecerían comparados con este. No soportarían la comparación. No soy mucho de ver palacios, pero esta ciudad se merece una visita sólo por ver esta maravilla.
        Bueno, cómo me he enrollado hoy. La verdad es que hacía días que no escribía y había mucho que contar. Ahora me voy, pues Imma ya acaba su viaje, mañana se va a Bangalore a coger un vuelo que la llevará a Bombay y desde ahí a casita. Sonia y yo seguiremos un par de semanas más. Mañana cambiamos de estado, nos vamos a Kerala. Concretamente llegaremos a Munnar, el lugar de las montañas donde están las mayores plantaciones de te la India. Un espectáculo para la vista. Otro tipo de espectáculo después de tanto templo. Ya os contaré.


lunes, 25 de junio de 2012

Relatos desde India 5: Donde el tiempo se congeló

  
    30 Octubre 2009

     Me despierto. Miro por la ventanilla.  Un anciano completamente vestido de blanco y con un turbante naranja va tirando de un arado de madera arrastrado por dos bueyes blancos. No lleva pantalones sino una especie de calzón blanco, va descalzo y sus largas y oscuras piernas se hunden en los surcos abiertos por los bueyes.

 Me froto los ojos, es una imagen irreal, una imagen ancestral, podría haber pasado hace dos mil años y sería prácticamente idéntica a lo que estoy viendo. El tiempo se ha congelado.
Pero no es el único. En esta zona que estoy recorriendo esta imagen se repite cada pocos metros, y aunque veo algún tractor arando hay muchísimos más arados de madera tirados por bueyes.
   
     Voy en el tren, hemos dejado Goa y nos internamos en un nuevo estado: Karnataka.       
   Atrás quedaron las altas e impresionantes palmeras cocoteras de Goa. Sus famosas playas, reclamo para fiesteros de todo el planeta. Sus exuberantes bosques selváticos con enormes árboles y sus mallas de raíces aéreas.  Atrás quedaron sus espectaculares puestas de sol en la playa, sus ciudades coloniales portuguesas salpicadas de pequeñas iglesias blancas. Sus pescados y mariscos que tanto descanso han dado a nuestros estómagos, un poco cansados de tanto curry y tanto masala. Y que conste que me encanta la comida de la India, sus mezclas de especias son maravillosas, sus sabores muy conseguidos, pero un tanto fuertes y apetece de vez en cuando darle un descanso al paladar y probar otro tipo de sabores más suaves.

   
      El tren va dejando lentamente estos paisajes, atraviesa unas grandes cascadas y empieza a subir a la meseta del Deccan. Esa parte de la India central donde reinó el imperio  de Vijayanagar y dejó salpicadas estas latitudes de impresionantes templos de un estilo arquitectónico muy especial. Grandes ciudades templo rematadas con altas torres de hasta 80 metros de altura, las Gopuram, de forma piramidal  y dividida en niveles cada  vez mas pequeños, profusamente esculpidos. Una maravilla de la arquitectura religiosa. 
     Seguimos ascendiendo poco a poco hasta la meseta, atravesando pequeños pueblos. Hay muchos arrozales por aquí, el verde del bosque da paso al verde del arroz, y aunque la estación está muy avanzada y ya han cosechado en muchas partes, en otros sitios aun podemos ver los campos verdes, aunque la mayoría empieza a amarillear. Una vez que el arroz ha sido cortado vemos como lo han esparcido por el campo en forma de pequeños fardos, que luego criban a mano.

      Es una agricultura muy rudimentaria y primitiva, la misma que vivieron nuestros padres cuando eran niños, la agricultura que se practicaba en España hace apenas 60 años. La paja sobrante se acumula en grandes montones de formas curiosas, para alimentar al ganado.
    Luego el arrozal cede espacio y poco a poco se va imponiendo el cultivo de caña de azúcar, un poco de algodón, maíz, sorgo y girasol, y finalmente llegan los grandes cultivos de chilies o guindillas. El campo se tiñe de rojo y verde. Las mujeres los van recolectando en grupo. Supongo que debe ser un trabajo bastante duro, los plantas tienen poca altura y tocar tanta guindilla tiene que hacer picar mucho las manos, ni te cuento si se tocan los ojos. Estas mujeres se ven a lo lejos como puntitos de  diversos colores esparcidos entre el verde y el rojo del cultivo. A veces están cerca de las vías y las puedes ver agachadas, con sus bonitos saris desgastados por la luz solar o ennegrecidos de suciedad. Estos ya no son los saris elegantes que veíamos en las ciudades, estos aunque no tan llamativos son mucho más auténticos. Nos estamos internando en la India más rural, las imágenes que todos evocamos cuando pensamos en la India comienzan a desfilar ante nuestros ojos. Esta zona es mucho más fascinante que lo que hemos visto hasta ahora.
      Unos niños se me acercan en el tren. Son super majos y sonrientes, y diosss.... cómo les brillan los ojos. Van a una boda a Hospet, van con su madre y tíos. Son muy divertidos, les hago fotos y lo pasamos bastante bien. Me dicen que la celebración va a durar 5 días y alucinan cuando les digo que en España las bodas duran un día. También se sorprenden mucho de saber que a mis años estoy soltero y vivo solo. Les digo que en Europa esto es bastante frecuente, que mucha, mucha gente vive sola pero creo que no acaban de entenderlo. Nos separamos en la estación, ellos se quedan aquí. Nosotros continuamos en ricksaw hasta Hampi, a 11 kilómetros.
  
     Me sorprende mucho todo lo que voy viendo en el camino, el ambiente de esta zona es buenísimo, la gente se baña en los ríos, los búfalos también, hay muchas garzas blancas, cultivos de plátano. Es muy bonita esta zona.

   
     Lo más impresionante es el paisaje circundante. Son montañas de granito rosa completamente desechas. La erosión las ha convertido en gigantescos montones de grandes bloques graníticos, redondos, ovales, con fracturas perfectas en ángulos rectos. Es un paisaje de fantasía. Parece que hayan pasado gigantes por aquí y se hayan dedicado a amontonar estos enormes bloques de granito.

   
    Al fondo una Gopuram  de unos 50 metros de altura se alza entre los bloques de granito. A sus pies un pequeño pueblito blanco, muy parecido a los de Andalucía. Hemos llegado, es Hampi. Los coches no pueden entrar, solo algún que otro ricksaw circula por sus calles blancas y limpias. El ambiente es buenísimo, muy místico, muy tranquilo, muy atractivo.

  
    En las puertas de las casas las mujeres dibujan intrincados motivos florales con harina de arroz. Son muy llamativos. Las vacas y los monos recorren sus calles. Los niños juegan mientras los mayores descansan en los umbrales de sus casas. 

    Los sadús o santones recorren sus calles y la gente va al gran templo de sus antepasados.  El atardecer llega pronto y nos priva de poder seguir disfrutando del colorido de este pequeño y tranquilo pueblo.

  
    Pero la noche trae las luces de velas y las oraciones en los patios de las casas. El patio interior del templo se llena de gente, algunos parecen que van de picnic, otros parece que dormirán allí mismo.
    
     Mañana seguiremos conociendo la zona. Estoy impaciente, creo que me va a encantar.

  
     Es lo mejor que he visto hasta ahora en este viaje, con permiso de las fantásticas cuevas de Ellora.