lunes, 22 de octubre de 2012

Relatos desde India 9: Los últimos hippies de Goa



    14 Noviembre 2009

 La puesta de sol fue grandiosa, casi diría que psicodélica. Había dos soles, uno en el cielo, otro en la tierra, pues el disco anaranjado perfecto del sol se reflejaba nítidamente en la arena humedecida por las olas. Cuando finalmente el sol se sumergió en el mar comenzó el espectáculo de las nubes. Grandes cúmulo-nimbos, más altos que cualquier montaña del planeta, se teñían de un intenso rojo que se apoderaba de cada una de sus complejas y sinuosas estructuras con forma de coliflor. Las cumbres de estos cúmulos se desvanecían en finos hilos, arrastradas por los vientos de las alturas.

      Estas grandes formaciones nubosas no podían presagiar otra cosa sino fuertes tormentas, pero el espectáculo de color bien valía la pena. Que pena que mi cámara se había quedado sin batería y no podía siquiera intentar conservar este espectáculo sino en mi mente.
      El contrapunto de color lo ponían los finos cirro-estratos, teñidos de colores. Unos azul oscuros casi negros, otros anaranjados. Cielo y mar se fundían en uno solo, creando el curioso efecto de que las nubes llegaban a parecer lejanas islas vistas desde el aire.

   
    Puedo imaginarme a los hippies que llegaron a estas costas, disfrutando extasiados del mismo espectáculo que hoy estoy viviendo yo. Cargados de sueños de rebelión, de utopías forjadas por LSD y marihuana. Bañándose desnudos en las noches estrelladas y tocando las guitarras a la luz de las hogueras. Dándole gracias a la vida y amándose los unos a los otros. Paz y amor.

       Tras la pérdida de San Francisco y de Marrakech como capitales del movimiento hippie, legiones de ellos llegaron a estas costas y la convirtieron en su hogar. Los Beatles habían abierto la brecha cuando vinieron a la India en busca del misticismo y la inspiración que no encontraban en Europa.
        Luego, mientras el mayo del 68 se disolvía como un azucarillo en el café y mientras los americanos machaban Vietnam a bombazo limpio, o mejor dicho, a bombazo sucio, los últimos hippies encontraron aquí su nueva Meca.
        Todavía quedan muchos de ellos aquí en Arambol, donde me encuentro ahora. Rondan ya los 60 años, pero sus largos pelos y su indumentaria los delatan. Son los veteranos que envejecen dignamente y conservan aquí su pequeña burbuja de esos tiempos que ya han desaparecido en el resto de Goa.

      
     A diferencia de Anjuna o Bogmalo, los pueblos de Goa en los que estuvimos al principio del viaje, la música dominante no es el house, ni el chill-out, ni siquiera Bob Marley, tan de moda entre los descafeinados neohippies. Aquí suenan las viejas glorias, los clásicos de los 60 y los 70, como Janis Joplin, Grateful Dead, Jimi Hendrix o Deep Purple. Es como si el festival de Woodstock se hubiera quedado atrapado en estos cafés y restaurantes, resonando eternamente.
       
Cangrejos ermitaños
       Las viejas motocicletas Royal Endfield todavía se hacen hueco entre los modernos scooter. Piezas de museo que envejecen tan dignamente como sus dueños, cuidadas con esmero para que llegaran a nuestros días y pudiéramos escuchar su rebelde y bronco bramido.

       
King Fisher, el gran Martín Pescador que da nombre a la cerveza
     Pero esto acabará desapareciendo. Hoy Goa es un destino para muchos rusos y europeos que buscan playas baratas para huir del frío invierno de sus países. Esto irá a más, las agencias turísticas venden estos paquetes, que de momento no van a más porque apenas hay resorts de lujo. El alojamiento suele ser en cabañas de bambú o en modestas habitaciones. Eso lo salva por el momento del turismo masivo que prefiere otros destinos más cómodos como Tailandia o Maldivas.
         
    Aquí son muchos los neohippies que llegan, con sus rastas, sus piercings, sus tatuajes y sus artilugios para hacer malabarismo, buscando esos sueños utópicos ya desaparecidos. A cambio encuentran cerveza y porros baratos, raves en las playas donde el alcohol está casi regalado y la química de diseño se pone al servicio de paraísos artificiales.
         
Cangrejo Fantasma
       Los nuevos predicadores de la espiritualidad y del misticismo lavan sus pecados y sus culpas por vivir en un mundo consumista y estresante, haciendo yoga o taichi en solitarias puestas de sol y amaneceres, buscando desesperadamente encontrar la tan ansiada e irreal iluminación.

         
     Mientras, los hindúes se han adaptado para dar servicio a esta legión de extrañas gentes que vienen aquí buscando el paraíso. Y para ello han dejado de ser agricultores o pescadores y se han convertido en taxistas, hoteleros, restauradores, dueños de cibercafes, masajistas, vendedores o han tenido que montar un restaurante italiano o una panadería alemana aunque nunca hayan estado en Italia ni Alemania. Pero así es el espíritu de la India: dime qué te hace falta que yo te lo consigo. Que el mundo tiemble dentro de pocos años, cuando esto se desarrolle un poco mas.
           
     La India cambia rápidamente. Yo estuve hace apenas 6 años y la veo mucho más avanzada. Hay más coches nuevos, ya no se ven cicloricksaws, ahora todos están motorizados y conducen mucho mejor. Con el miedo que pase en la carretera en el anterior viaje... Por cierto, la lasagna que he cenado esta noche no tenía que envidiarle nada a la del mejor restaurante italiano, sabrosa, abundante y por tan solo.... 2euros de nada. La cerveza de 650 c.c. y 8 º cuesta.... 1,10 euros. No tienen rival en ningún otro destino de playa. Los ves cómo se pasan el día hablando por el móvil, debe ser muchísimo más barato que en España, y he visto menos pobreza, aunque supongo que dependerá de la zona que visites y por supuesto en las grandes ciudades hay bolsas de miseria, pero ni aquí ni en Kerala he visto ni miseria ni apenas suciedad.

          ¿Cómo sería esto hace 40 años, cuando llegaron esos hippies pioneros? Tuvieron que flipar en colores, nunca mejor dicho, tanto los lugareños como los recién llegados. Eso si, hay una cosa que no ha cambiado: el 99% de los hombres siguen llevando bigote  ¿por qué será?

          Por cierto, el ciclón se desvió y pasó por aquí la noche antes de mi llegada. No fue muy fuerte, arrancó algunos tejados y tumbó unos cuantos árboles. No hubo víctimas en el pueblo aunque leí que había 16 pescadores desaparecidos.
 En el bungalow de bambú donde me alojé el día que llegué aún quedaba un pequeño charco de lluvia de la noche anterior.
           De momento ha hecho sol a ratos, pero la tormenta que anunciaban los cúmulo-nimbos acaba de llegar. Menos mal que dejé el bungalow de bambú y me vine a una habitación, menos romántica pero mucho más práctica.


jueves, 20 de septiembre de 2012

Relatos desde India 8: Huyendo del Monzón



   13 Noviembre 2009    

   Una densa cortina de agua cae del cielo, se abalanza sobre coches, ricksaws y personas. En algunas calles se ha llegado a acumular medio metro de agua. Los coches se abren paso como pueden entre las calles convertidas en ríos. Yo estoy completamente empapado, como si me hubiera dado una ducha vestido. 

    El monzón del nordeste ha llegado y sus lluvias torrenciales limpian el país y riegan los campos. Hago como la gente del país y sigo mi camino entre las calles encharcadas. Algunas veces el agua teñida de barro me llega hasta la mitad de las pantorrillas. Las calles se llenan de gente con paraguas y una especie de cálida neblina se levanta desde el suelo.

 La típica imagen de la India en pleno monzón se aparece ante mis ojos con todo su esplendor, con sus olores, sus sonidos. Estoy completamente calado por un agua cálida que cae con violencia, pero estoy feliz de estar sintiendo esto.
    
 Sería perfecto si no fuera porque lleva ya muchos días lloviendo y esto finalmente me hará cambiar de planes. Pero vayamos unos días atrás en el tiempo.



Inmensos cargueros abarrotan el enorme puerto de Ernakulam
         Finalmente el día amanece nublado y Sonia y yo decidimos que lo mejor es seguir nuestro camino y dejamos  atrás Munnar con sus maravillosas plantaciones de té. La lluvia cae durante todo el trayecto, a veces con gran intensidad y apenas podemos ver nada durante el camino. Solo de vez en cuando aparecen las casas de brillantes colores entre la oscuridad del bosque.
Algunas de estas casas parecen pequeñas mansiones y están dispersas a lo largo de la carretera. Otras son apenas unos cobertizos de chapas y tejados de palma.  En las estaciones de autobús donde vamos parando podemos ver a la multitud resguardándose bajo un bosque de paraguas. 

   
      Nuestro destino es la ciudad de Kochi, una ciudad que está dividida en varias partes, una parte continental llamada Ernakulam que es donde están los grandes centros comerciales y las terminales de transporte. Una ciudad con una intensa actividad y plagada de grandes anuncios publicitarios. El resto de la ciudad se divide entre 3 islas. Una de estas 3 islas, es donde queremos ir: la isla de Mattancherry y Fort Kochi.

    Para llegar allí debemos coger un ferry entre Ernakulam y Fort Kochi. Es en el ferry donde nos encontramos con 4 españoles muy majos que van a enriquecer el viaje durante los siguientes 3 días. Raúl, un chico de Gran Canaria, con grandes dotes para la conversación y muy divertido. Imme y Toni, catalanes, una pareja muy maja y muy noble y Diana que en realidad no es española sino italo-venezolana, un poco reservada y tímida al principio pero traviesa y juguetona cuando coge confianza.

Puestecillos de pescado
     El día de llegada a Fort Kochi nos lo tomamos con calma y después de comer nos vamos a un garito muy chulo a tomar café, pues la lluvia continua y no se puede hacer nada en la calle. Luego por la noche, aprovechando una tregua de la lluvia nos vamos al paseo marítimo (por llamarle de alguna manera) donde puedes comprar pescado fresco y luego te lo cocinan como tú quieras en los restaurantes cercanos.

    
    Elegimos un delicioso Red Snapper y unos pocos calamares. Esa noche nos damos un festín.

    Al día siguiente algunos se marchan a la cercana isla de Viyaan, pues quieren ver la playa y el ambiente de la isla. Yo prefiero quedarme en Fort Kochi y me voy derecho a ver las redes chinas.

Redes chinas
     Estos artilugios tienen unos 600 años, las introdujeron los chinos. Son unas grandes trampas para peces. Unos enormes troncos pivotan sobre un eje, hacen falta unas 6 personas para moverlas, ayudados de unos contrapesos de piedras.

    Se baja la trampa y la red se sumerge en el agua, luego al subirla los peces quedan atrapados. La verdad es que no sacan mucho pescado y el poco que sacan lo tienen que compartir que con los omnipresentes cuervos, que esperan a que la red este fuera para saquearla antes de que los pescadores puedan llegar al pescado. Hay una batería de 10 redes en este lado de la orilla. Sólo pueden funcionar cuando el agua esta despejada, porque en esta zona se acumulan enormes cantidades de jacintos de agua.

    Son auténticas islas vegetales flotantes que van recorriendo el río aguas abajo y en los recodos se van acumulando, haciendo desaparecer el agua. En estas islas podemos ver muchas garzas blancas andando por su superficie y usándolas como plataformas de caza.

  
     Luego me voy a pasear por la ciudad, que fue fundada por los portugueses sobre el año 1600. Fue una ciudad muy disputada, al estar en plena ruta de las especias que tenía aquí uno de sus puntos de abastecimiento y continuaba hasta Indonesia. Primero estuvo bajo dominio portugués, luego holandés y finalmente británico, aunque los chinos estuvieron aquí antes que ellos. Semejante pasado ha dejado una ciudad un tanto diferente, salpicada de monumentos y casas de estilo muy variado.
 
    En la misma calle puedes encontrar una iglesia católica, un templo hinduista, una mezquita y también hay una sinagoga pues hay un barrio judío. El barrio judío es una serie de estrechos callejones en los que abundan los almacenes de especias y ahora también está lleno de tiendas de artesanía y de ropa. Es un paseo muy agradable y tranquilo, esta parte de la ciudad es muy diferente a las ajetreadas calles del resto de India.

    Aquí la gente se lo toma con mucha calma, los ves reposados, sentados en los portales y charlan animadamente contigo. Me gusta mucho el ambiente. Y sus enormes árboles de varios metros de perímetro y gigantescas copas, cubiertos de un tipo de helechos.  Luego por la tarde se rompe el cielo y empieza a llover otra vez con mucha intensidad. Por la noche hasta llego a despertarme con el ruido de la lluvia. Lo malo es que al día siguiente nos vamos a ver los Backwaters, la intrincada red de canales y lagos que recorren más de 900 km. tierra adentro, paralelos al mar. Son la gran atracción de Kerala.

   
Típico barco keralí recorriendo los Backwaters
      Amanece un nuevo día y por lo menos no llueve, aunque está nublado. Hemos contratado un barco para recorrer un trozo de los Backwaters. Nos vamos los 6 y también vienen una japonesa y un francés para completar las 8 plazas del barco. Por fin vamos a hacer los backwaters, una de las recomendaciones de las 20 cosas que ver en India según las guías de viaje. Los barcos aquí son muy curiosos, están hechos de bambú trenzado con fibra de coco.

      Tienen una silueta muy característica con sus tejados curvados y a distintos niveles. Los hay de varios tipos, algunos apenas son unas pequeñas barcas con butacas, otros son bastante lujosos y tienen dos o tres habitaciones. El nuestro es intermedio, tiene una parte con sofás y una alfombra de fibra de coco. También tiene una habitación con cuarto de baño y una cocina. Ideal para una pareja, para hacer noche dejándose llevar suavemente por estos mundos acuáticos. 
    
      El viaje resulta ser de lo más relajante. Pasamos de los canales más grandes a otros cada vez más pequeños. Los nenúfares y jacintos de agua se apoderan de la superficie en muchos tramos. Vemos garzas, abejarucos y grandes martín pescadores, que aquí se llaman King Fisher, como la cerveza más famosa del país. A pesar de lo aparentemente inaccesible de la zona, aquí vive mucha gente.

    Hay pequeños poblados por todas partes y podemos ver a la gente lavando la ropa en el río o extrayendo arena de los fondos para la construcción. Es un mundo extraño, mitad tierra, mitad agua. Y todo ello dominado por palmeras en lo alto. Aquí se cultiva la nuez moscada, la pimienta y el cardamomo entre otras especias. En las casas tienen una especie de piscina donde conservan vivo el pescado que van pescando, más fresco que en nuestras neveras.
 
   
Nuez moscada y la piel que la recubre, mucho más valiosa
y aromática que la nuez en sí
     También vemos en otro pueblo cómo hacen las cuerdas con la fibra del coco. Después de tener el coco durante 6 meses en agua para ablandarlo, con la ayuda de unas ruecas motorizadas las mujeres van trenzando la fibra hasta convertirla en cordones, que después pueden ser utilizados  para la construcción  o para hacer esteras y alfombras.
  
A comer
     Así van pasando las horas y llega la hora de comer. Paramos y nos sirven la comida sobre la típica hoja de banano utilizada en el sur. Luego continuamos con una barca tipo piragua por backwaters cada vez más estrechos. La sensación de paz se va apoderando de casi todos nosotros, la gente se suele hasta dormir en estos viajes tan tranquilos.

    A nosotros se nos pone a llover y tenemos que salir a refugiarnos, pero es poca cosa. Luego una vez fuera del backwater se pone a llover con gran violencia otra vez. Está visto que el tiempo no va a cambiar, el monzón ha venido para quedarse.
   
    Por la noche hay un concierto en el centro cultural de Kerala, un teatro que hay en la ciudad y donde a diario hay representaciones de Kathakali, la danza keralí por excelencia. Pero hoy toca ver un concierto de música Tabla. La tabla es una música interpretada por un sitar, un instrumento indio que por explicarlo un poco sería mitad guitarra, mitad arpa.

Danza Katakali
    El otro instrumento es la tabla, que es un timbal muy curioso que se acompaña de otro más grave. Es la música más pura de la India, sin voz, sólo sitar y percusión improvisando una melodía hipnótica y llena de sensualidad. A veces la dulzura de la música se rompe con fieros solos de percusión. Es impresionante la cantidad de sonidos y matices que el muchacho es capaz de arrancarle a dos simples tambores. El tío toca de maravilla, tiene 27 años y lleva tocando desde los 8. El del Sitar es buenecillo, pero no destaca especialmente. Lo sé porque es un concierto muy íntimo, apenas estamos 20 personas y los veo en primera fila, a apenas 3 metros desde donde estoy sentado. Al acabar el concierto podemos subir a hablar con los dos músicos, preguntarle lo que queramos y tocar los instrumentos. El Sitar es una pasada de bonito, tiene 19 cuerdas (los hay de 23 y de 26 cuerdas) y la madera está tallada con motivos florales y geométricos. Tiene incrustaciones de huesos haciendo bellos dibujos en el mástil.  Me encantó este concierto.

 
La lluvia cae con fuerza y gran intensidad sobre el puerto
      El día siguiente amanece con más lluvia. La situación está empeorando en vez de mejorar. La idea que tenía era seguir bajando hacia el sur, a Allapuzza, ir al parque nacional de Periyar a ver las manadas de elefantes salvajes  y después pasar los últimos días del viaje en la playa de Varkala, donde se conocieron Raul, Imme,Toni y Diana. La ponían como muy buena y decían que se estaba muy bien, por lo que había pensado terminar allí los últimos días del viaje y después volver a Kochi a coger un vuelo hasta Mumbai. Ese era el plan, pero.... ¿qué iba a hacer en la playa de Varkala si no dejaba de llover? 

Las garzas utilizan las islas de jacintos flotantes para cazar
     Esa mañana llegó una pareja de valencianos que nos dijeron que venían del sur. Llevaba 3 días lloviendo a raudales en Varkala. En Periyar no se podía estar, porque con la lluvia no salían los barcos que navegan por el lago y que te acercan a ver a los elefantes. Además hacia unos pocos días había volcado uno de los barcos y se habían ahogado unos cuantos hindus, con lo que aunque no hubiera llovido no se podría haber ido en barco. La única opción que te daban era ir a pie, pero se ve que está infectado de sanguijuelas ¿para qué íbamos a ir a Periyar? ¿a sufrir y no ver nada?  Nos enteramos por la prensa que estaban cayendo cantidades de agua muy importantes cerca de donde estábamos, en algunos puntos de Tamil Nadu, por ejemplo en Madrás, donde primeramente íbamos a terminar el viaje Sonia y yo, habían caído 180 litros el día de antes. Se estaban desbordando ríos, había corrimientos de tierra y había riesgo de grandes riadas. Lo que estaba claro es que había que salir de allí lo antes posible por si la cosa empeoraba. Y allí fue donde se fraguó el cambio de planes.

   
Enormes árboles en las calles de Fort Kochi
     Yo decidí que me iba a Goa, pues quería pasar los últimos días tranquilo en la playa sin hacer nada. Bastante habíamos recorrido ya el país, y además cuando estuvimos en Goa al principio de viaje pasamos por allí de puntillas pues a las chicas les entró mucha prisa por irse a otro lado. Claro, como ellas tienen playa donde viven... Raúl, se iba a Munnar y después a hacer el mismo recorrido que hicimos nosotros, pero en sentido contrario. Imme y Toni acababan su viaje 4 días antes que yo e iban a hacer lo mismo, ir acercándose a Bombay pero con parada en el sur de Goa, un par de días de tranquilidad en la playita. Y Sonia y Diana se irían al norte, cogerían un vuelo a Delhi y desde allí a Agra a ver el Taj Majal. Vamos, que se deshacía el grupo. La decisión estaba tomada, me iba en solitario a Goa.

  
A diferencia de otras ciudades indias donde abundan las vacas
en las calles de Fort Kochi hay muchísimas cabras
     Ahora sólo faltaba conseguir transporte. Aprovechando que Imme y Toni salían ese mismo día  cogí el ferry con ellos y me fui a la estación de trenes a intentar comprar el billete para el día siguiente, y eureka..... Conseguí tren, porque con tan poca antelación parecía que iba a ser difícil. Se supone que hay que reservar con tiempo, la gente dice que no suele haber plazas, pero yo hasta ahora no he tenido ningún problema. Y es aquí donde se montó ese grandísimo aguacero que os contaba al principio, que me hizo darme cuenta de que ya no sólo se trataba de salir de allí buscando el sol porque hacia 5 días que llovía.
  
     Es que me dí cuenta de que seguir así con ese volumen de lluvias podía ser peligroso, empezaban a llegar noticias de inundaciones y corrimientos de tierra en Tamil Nadu. Y esto se podía convertir en lo mismo. No quería quedarme atrapado. Me iría al día siguiente.
    Por la tarde fuimos a ver el Kathakali, el arte de Kerala, una mezcla de danza y teatro mímico. Son pasajes del Ramayana contados sin palabras. Solo los ojos, las expresiones de la cara y los complejos movimientos de manos y cuerpo van narrando la historia, que en este caso se trataba del héroe que va a matar a un diablo que está acabando con la vida de mucha gente.

     Pensaba que igual era un poco pesado, pero la verdad es que me gustó mucho. Se pintan la cara completamente de colores y luego utilizan una ropa, tocados, largas pelucas y coronas de aureola que les dan un aspecto muy impresionante. Para introducirnos un poco, al principio,  un narrador en inglés nos hizo una demostración de una serie de movimientos de manos y cuerpo para expresar bastantes cosas. La verdad es que tienen todo un idioma a base de mímica.

   
Con los compis de aventuras
      Y llegó el día de la despedida. Parecía que quería salir el sol, pero luego echó a llover otra vez. Me dió pena dejar a estos chicos. Con Sonia había compartido todo el viaje, la iba a echar de menos. Echaría también de menos el humor de Raúl. Los despedí en la puerta del hotel, yo ya me quedaba solo y tenia que pasar allí el día pues mi tren salía por la noche.
  
Se acabó el recreo
     Paseo, voy a ver como pescan, pero las redes no pueden funcionar hoy, todo su espacio esta invadido por los jacintos de agua. En los pequeños claros que se abren a veces entre los jacintos en pleno movimiento, los pescadores con redes de mano prueban suerte y algunos consiguen sacar buenas piezas de peces tigres que vienen a alimentarse de otros mas pequeños que se refugian bajo la sombra de los jacintos acuáticos. Tomo té y charlo con los conductores de ricksaws, protegidos bajo las lonas que ponen los tenderetes de té y samosas. He visto en la tele que se ha formado un ciclón que va directito hacia Bombay y Maharastra. Puede que llegue a tocar algo de Goa. Pero yo no llegaré hasta el día siguiente. Seguramente todo habrá pasado ya de largo. En Bombay por si acaso están evacuando las zonas más bajas de la ciudad, que podrían inundarse. Esto incluye al barrio de Colaba, donde estuvimos cuando llegamos al principio del viaje. Esperemos que el ciclón pase de largo y se dirija al mar, o que se disuelva y se convierta en una tormenta tropical. Ya se verá. De momento tiene intensidad 6 sobre 9.

     Por fin llega la hora de coger mi tren. Cruzo con el ferry por última vez de Fort Kochi a Ernakulam. Atrás quedaron unos días estupendos en muy buena compañía. Ahora empieza una nueva etapa de mi viaje, mi viaje en solitario.  La vida me sonríe.


lunes, 27 de agosto de 2012

Relatos desde India 7: La verde Kerala


               6 de Noviembre de 2009

Fuimos al RRR Hotel a probar la típica comida del sur. Es como la del norte, pero quizás aún más especiada, aunque menos picante. Quizás es que ya me he acostumbrado al picante y ya me parece más suave, no sé. El caso es que en esta zona es típico que en vez de en un plato te sirvan la comida en hojas de plátano y te la comas con las manos. Es muy exótico, pero un poco raro. Allí en España estamos acostumbrados a comer con las manos las costillas o las gambas o un muslo de pollo, pero no el arroz. La gente mezcla las salsas sobre un montón de arroz que se pone sobre la hoja de banano y para adentro.

     Me hace gracia porque recuerdo que mi padre siempre me decía que no se come con las manos, anda que si levantara la cabeza y me viera con todos los llenos dedos de salsa de curry...  Es una buena manera de no tener que lavar los platos ni los cubiertos. La verdad es que aprovechan totalmente la planta del banano, por un lado los sabrosísimos plátanos, por otro lado las hojas usadas como plato y luego, junto con los restos de la comida se las echan a las vacas, y por otro lado pelan el tallo y dejan la médula blanca que se come cortada a trocitos una vez cocinada. Vamos, que no queda  prácticamente nada de la planta.

 

    Anteayer nos despedimos de Imma. Ella ya acaba su viaje. La acompañamos a la estación de autobuses a coger un bus hasta Bangalore, desde donde tiene un vuelo a Bombay. Nos dio mucha pena despedirnos de ella, era la más divertida de los tres. En cierta forma también me dio un poco de envidia, pronto estará con la gente a la que quiere, lo pas,o mal durante el viaje, la comida, diarreas, catarros, fiebre.... Dijo que lo primero que se iba a comer cuando llegara sería un bocadillo de jamón, mmmmhhh.... qué rico. Es lo que tiene el viajar, que a veces también echas muchas cosas de menos, las personas, tu casa con tu cama, tu sofá, tu cuarto de baño, pero el que algo quiere.... Yo no sé qué será lo primero que coma cuando llegue, ¿quizás cordero, sepia a la plancha? tengo días para decidirlo. El viaje ahora empieza una nueva fase, ahora solo estamos dos.

  

    Después de dejarla nos fuimos de compras. Mysore es famosa por sus tallas de madera, hay muy buenos artesanos en esta ciudad y suelen utilizar la madera de sándalo, con su inconfundible perfume. Pero es una madera muy cara. El caso es que quería comprarme una talla de madera. Otros años suelo comprar regalos para mucha gente, pero este año creo que será diferente. La verdad es que tampoco he visto nada que me guste especialmente, mucha ropa y cacharrería jipilona que luego no sabes qué hacer con ella. No sé, como no me dé al final por ponerme a comprar creo que volveré ligerito de equipaje. Y viendo las preciosas tallas de madera que hacen aquí creo que este año invertiré en mi mismo.

  


     Como no encontraba tiendas, visité un par de Emporiums del gobierno. Había muebles y tallas increíblemente bonitas y con un trabajo super refinado. Pero los precios eran prohibitivos, yo creo que incluso más caros de lo que costarían en España. Y como no conseguía que me entendieran cuando les preguntaba por las  "wood carving factories" o sea, donde las fabrican, al final encontré a un señor que me lo tradujo al canara (la lengua que se habla en Karnataka) y un ricksaw me llevo hasta allí.
    


Frente a frente, mezquita y catedral conviven y compiten
por llevarse a los niños cada una a su confesión
     Bueno, bueno… Había tallas buenísimas, ahí lo difícil era decidirse por alguna. Pues había tanta variedad y tantos precios.. no me quería gastar demasiado y tenía que ser algo que me pudiera traer yo mismo, pues muchas eran demasiado grandes para traértelas en el vuelo de vuelta. Primero descarté las de madera de sándalo, pues eran como unas 3 veces más caras que las otras y me daba igual que olieran o no.
     Al final elegí un Krishna, dios de la música, una talla de cedro blanco muy elegante ¿Su precio? al cambio.... 38 euros!!!!!!  Impresionante. Por tallas más pequeñas y de peor calidad me pedían en los emporiums 400 ó 500 euros, más de 10 veces su valor en la fábrica. No quiero ni pensar cuánto costarán en España. Vamos, que me fui más contento que chupillas. 


     Una de las curiosidades que me enseñaron en la fábrica era una pequeña cápsula de madera de sándalo. En su interior había una semilla poco más grande que una lenteja. En uno de los lados había una minúscula tallita de madera blanca, era un elefante perfecto. Muy curioso y muy bonito, pero cual no sería mi sorpresa cuando me mostraron que el diminuto elefante en realidad era el tapón de la lenteja y dentro había.... ¡¡unos 20 ó 30 elefantitos de apenas un milímetro!! ¡¡con todos sus detalles!! Impresionante, me pareció magia que se pudiera tallar una cosa tan diminuta con tanto detalle. Me explicaron que se usa en astrología y en la magia.
  
Plantaciones de té en Munnar
En primer término las hojas que luego servirán de infusión
     Luego teníamos que irnos a nuestro próximo destino: Munnar, el pueblo de los campos de te. Solo había un bus diario y casi nadie conocía que se pudiera hacer directamente ese trayecto. Costó trabajo averiguarlo, pero existía la posibilidad.

    Nos presentamos a las 5 de la tarde para asegurarnos una plaza. Nos dijeron que salía a las 6. Y nos dieron las 6, las 7 y las 8 y el autobús que no venía. Se ve que se había estropeado y tenía que venir otro autobús desde Bangalore, una ciudad que estaba a 3 horas de camino. La espera fue interminable pues nadie sabía nada. Anocheció y entre las sillas de espera comenzaron a salir y a corretear ratas, no muchas, solo 3. Pero era una pasada verlas corriendo entre tus pies, cogiendo los restos de comida que dejaban las personas mientras esperaban, cáscaras de cacahuetes, trozos de galletas y de vez en cuando pasaba alguna con una hoja de periódico para acolchar su nido. La gente ni se inmutaba, era algo de lo más normal, pero no para Sonia ni para mí.

   
Las plantaciones lo cubren todo
     Empezamos a desesperarnos por la espera, yo pensaba que íbamos a tener que quedarnos a dormir otra noche en Mysore y al día siguiente cambiar la ruta. Pero entonces apareció un autobús a Ernakulam, y decidimos tomarlo. Desde allí llegaríamos a Munnar con otro autobús, pues ya dentro del estado de Kerala seria más fácil encontrar bus hasta allí. La combinación era mucho más larga y cansada, pero bueno, o eso o quedarse esperando y no nos lo pensamos.

  
Las plantaciones dibujan el contorno del suelo
     El paisaje de Kerala era muy bonito, los cocoteros y las selvas se habían apoderado del horizonte. Pasamos por grandes cascadas, bosques de bambú, cultivos de caucho y de eucalipto.  Luego el pequeño bus de transporte local que nos llevó a Munnar empezó a subir, renqueando, las duras carreteras de los Ghates occidentales, las montañas selváticas que separan la costa de las tierras altas del interior. Tras cuatro largas horas y media más llegamos a los montes de Munnar. El paisaje era sorprendente. Nunca había visto plantaciones de té. Los arbustos no son muy altos, algo así como un metro o metro veinte. Para cortar el te pasan unas varas y cortan las hojas que sobresalen, las más nuevas y de color más claro. Es impresionante ver los cultivos.  Parecen una piel vegetal que se aferra a la tierra, adaptándose a cada forma de las colinas, a cada barranco, a cada vaguada. Muy bonito la verdad.
 
    
     Las plantas tienen una base leñosa antigua y gruesa y de ahí salen las ramas, tienen forma de paraguas y están separadas lo justito para que pase una persona recolectando, por lo que al verlas desde lejos, las colinas se ven como una retícula de arbustos perfectos, todos de la misma altura. Solo las Ipomeas y las Lantanas que crecen en las lindes de los caminos rompen la tiranía monocromática del verde.

   Lo malo es que poco duró la alegría. Han entrado nubes y se ha puesto a llover. Y estamos hechos polvo. Llegar hasta aquí nos ha costado 19 horas desde que nos fuimos a buscar el autobús. Apenas hemos dormido pues la carretera tenía muchas curvas y dormíamos a ratitos. O sea que esta tarde poco se puede hacer. Toca quedarse en el hotel, calentitos y ver la tele o leer. Como una tarde de domingo lluviosa en Zaragoza. El cuerpo lo agradecerá.
 
Recolectoras del té
     Tras dormir largas horas vemos que el día nos ha traído la niebla. No llueve, pero los campos de té aparecen y desaparecen constantemente. Es una pena haber venido hasta aquí y no ver los campos en su esplendor, de un verde radiante bajo el sol y con las mujeres vestidas de vivos colores recogiendo las hojas. Pero igualmente está muy bonito.
   Cuando la niebla lo permite, vemos los ondulados campos de té dibujando el relieve de las colinas, como una piel vegetal. Nos vamos a recorrer un sendero que lleva a un mirador, pero en lugar de las plantaciones perdiéndose hasta el horizonte solo podemos ver las blancas nubes que se han apoderado de todo alrededor.

     Luego nos internamos en unas junglas que tienen un ambiente muy especial con la niebla. Los grandes árboles aparecen fantasmagóricos entre la neblina teñida de verde. Pequeños arroyos corretean bajo la alfombra vegetal, invadiéndolo todo con su sonido, se oye la voz de extrañas aves y en algunos lugares el sonido de multitud de insectos se apodera de los espacios vacíos entre las hojas. Es muy relajante.

 
Trabajadoras de la carretera
     Luego aprovecho que la niebla ha subido un poco y me voy solo a recorrer las plantaciones de té. Sonia se quedó en el hotel, y allí en la soledad, puedo apreciar la grandeza y el trabajo de estos paisajes. Veo a un grupo de mujeres recogiendo las hojas, con sus chubasqueros hechos de plástico transparente. Recorro los senderos que serpentean por las colinas, siempre acompañado por las cuidadas plantas de té. Pocos cultivos debe haber en el mundo que sean tan cuidados y mimados como estos.
 

Diminuto entre árboles gigantescos
   
  Además de té, aquí se plantan muchas especias, cardamomo, pimienta, vainilla, canela y café entre otras.
   
 Apuraremos hasta mañana a ver si cambia el tiempo y podemos ver esto con sol. Aunque parece que no va a ser así. Las nubes están muy metidas y no sopla el viento.

Quizás vayamos a ver alguna cascada, hay unas cuantas por esta zona. Y si no nos iremos a nuestro próximo destino: la ciudad de Kochin.


    El viaje debe continuar, nuevos destinos nos esperan. Como dice la canción de Queen, Show must go on.

Con o sin lluvia, las recolectoras del té se afanan en recoger las valiosas hojas