jueves, 20 de septiembre de 2012

Relatos desde India 8: Huyendo del Monzón



   13 Noviembre 2009    

   Una densa cortina de agua cae del cielo, se abalanza sobre coches, ricksaws y personas. En algunas calles se ha llegado a acumular medio metro de agua. Los coches se abren paso como pueden entre las calles convertidas en ríos. Yo estoy completamente empapado, como si me hubiera dado una ducha vestido. 

    El monzón del nordeste ha llegado y sus lluvias torrenciales limpian el país y riegan los campos. Hago como la gente del país y sigo mi camino entre las calles encharcadas. Algunas veces el agua teñida de barro me llega hasta la mitad de las pantorrillas. Las calles se llenan de gente con paraguas y una especie de cálida neblina se levanta desde el suelo.

 La típica imagen de la India en pleno monzón se aparece ante mis ojos con todo su esplendor, con sus olores, sus sonidos. Estoy completamente calado por un agua cálida que cae con violencia, pero estoy feliz de estar sintiendo esto.
    
 Sería perfecto si no fuera porque lleva ya muchos días lloviendo y esto finalmente me hará cambiar de planes. Pero vayamos unos días atrás en el tiempo.



Inmensos cargueros abarrotan el enorme puerto de Ernakulam
         Finalmente el día amanece nublado y Sonia y yo decidimos que lo mejor es seguir nuestro camino y dejamos  atrás Munnar con sus maravillosas plantaciones de té. La lluvia cae durante todo el trayecto, a veces con gran intensidad y apenas podemos ver nada durante el camino. Solo de vez en cuando aparecen las casas de brillantes colores entre la oscuridad del bosque.
Algunas de estas casas parecen pequeñas mansiones y están dispersas a lo largo de la carretera. Otras son apenas unos cobertizos de chapas y tejados de palma.  En las estaciones de autobús donde vamos parando podemos ver a la multitud resguardándose bajo un bosque de paraguas. 

   
      Nuestro destino es la ciudad de Kochi, una ciudad que está dividida en varias partes, una parte continental llamada Ernakulam que es donde están los grandes centros comerciales y las terminales de transporte. Una ciudad con una intensa actividad y plagada de grandes anuncios publicitarios. El resto de la ciudad se divide entre 3 islas. Una de estas 3 islas, es donde queremos ir: la isla de Mattancherry y Fort Kochi.

    Para llegar allí debemos coger un ferry entre Ernakulam y Fort Kochi. Es en el ferry donde nos encontramos con 4 españoles muy majos que van a enriquecer el viaje durante los siguientes 3 días. Raúl, un chico de Gran Canaria, con grandes dotes para la conversación y muy divertido. Imme y Toni, catalanes, una pareja muy maja y muy noble y Diana que en realidad no es española sino italo-venezolana, un poco reservada y tímida al principio pero traviesa y juguetona cuando coge confianza.

Puestecillos de pescado
     El día de llegada a Fort Kochi nos lo tomamos con calma y después de comer nos vamos a un garito muy chulo a tomar café, pues la lluvia continua y no se puede hacer nada en la calle. Luego por la noche, aprovechando una tregua de la lluvia nos vamos al paseo marítimo (por llamarle de alguna manera) donde puedes comprar pescado fresco y luego te lo cocinan como tú quieras en los restaurantes cercanos.

    
    Elegimos un delicioso Red Snapper y unos pocos calamares. Esa noche nos damos un festín.

    Al día siguiente algunos se marchan a la cercana isla de Viyaan, pues quieren ver la playa y el ambiente de la isla. Yo prefiero quedarme en Fort Kochi y me voy derecho a ver las redes chinas.

Redes chinas
     Estos artilugios tienen unos 600 años, las introdujeron los chinos. Son unas grandes trampas para peces. Unos enormes troncos pivotan sobre un eje, hacen falta unas 6 personas para moverlas, ayudados de unos contrapesos de piedras.

    Se baja la trampa y la red se sumerge en el agua, luego al subirla los peces quedan atrapados. La verdad es que no sacan mucho pescado y el poco que sacan lo tienen que compartir que con los omnipresentes cuervos, que esperan a que la red este fuera para saquearla antes de que los pescadores puedan llegar al pescado. Hay una batería de 10 redes en este lado de la orilla. Sólo pueden funcionar cuando el agua esta despejada, porque en esta zona se acumulan enormes cantidades de jacintos de agua.

    Son auténticas islas vegetales flotantes que van recorriendo el río aguas abajo y en los recodos se van acumulando, haciendo desaparecer el agua. En estas islas podemos ver muchas garzas blancas andando por su superficie y usándolas como plataformas de caza.

  
     Luego me voy a pasear por la ciudad, que fue fundada por los portugueses sobre el año 1600. Fue una ciudad muy disputada, al estar en plena ruta de las especias que tenía aquí uno de sus puntos de abastecimiento y continuaba hasta Indonesia. Primero estuvo bajo dominio portugués, luego holandés y finalmente británico, aunque los chinos estuvieron aquí antes que ellos. Semejante pasado ha dejado una ciudad un tanto diferente, salpicada de monumentos y casas de estilo muy variado.
 
    En la misma calle puedes encontrar una iglesia católica, un templo hinduista, una mezquita y también hay una sinagoga pues hay un barrio judío. El barrio judío es una serie de estrechos callejones en los que abundan los almacenes de especias y ahora también está lleno de tiendas de artesanía y de ropa. Es un paseo muy agradable y tranquilo, esta parte de la ciudad es muy diferente a las ajetreadas calles del resto de India.

    Aquí la gente se lo toma con mucha calma, los ves reposados, sentados en los portales y charlan animadamente contigo. Me gusta mucho el ambiente. Y sus enormes árboles de varios metros de perímetro y gigantescas copas, cubiertos de un tipo de helechos.  Luego por la tarde se rompe el cielo y empieza a llover otra vez con mucha intensidad. Por la noche hasta llego a despertarme con el ruido de la lluvia. Lo malo es que al día siguiente nos vamos a ver los Backwaters, la intrincada red de canales y lagos que recorren más de 900 km. tierra adentro, paralelos al mar. Son la gran atracción de Kerala.

   
Típico barco keralí recorriendo los Backwaters
      Amanece un nuevo día y por lo menos no llueve, aunque está nublado. Hemos contratado un barco para recorrer un trozo de los Backwaters. Nos vamos los 6 y también vienen una japonesa y un francés para completar las 8 plazas del barco. Por fin vamos a hacer los backwaters, una de las recomendaciones de las 20 cosas que ver en India según las guías de viaje. Los barcos aquí son muy curiosos, están hechos de bambú trenzado con fibra de coco.

      Tienen una silueta muy característica con sus tejados curvados y a distintos niveles. Los hay de varios tipos, algunos apenas son unas pequeñas barcas con butacas, otros son bastante lujosos y tienen dos o tres habitaciones. El nuestro es intermedio, tiene una parte con sofás y una alfombra de fibra de coco. También tiene una habitación con cuarto de baño y una cocina. Ideal para una pareja, para hacer noche dejándose llevar suavemente por estos mundos acuáticos. 
    
      El viaje resulta ser de lo más relajante. Pasamos de los canales más grandes a otros cada vez más pequeños. Los nenúfares y jacintos de agua se apoderan de la superficie en muchos tramos. Vemos garzas, abejarucos y grandes martín pescadores, que aquí se llaman King Fisher, como la cerveza más famosa del país. A pesar de lo aparentemente inaccesible de la zona, aquí vive mucha gente.

    Hay pequeños poblados por todas partes y podemos ver a la gente lavando la ropa en el río o extrayendo arena de los fondos para la construcción. Es un mundo extraño, mitad tierra, mitad agua. Y todo ello dominado por palmeras en lo alto. Aquí se cultiva la nuez moscada, la pimienta y el cardamomo entre otras especias. En las casas tienen una especie de piscina donde conservan vivo el pescado que van pescando, más fresco que en nuestras neveras.
 
   
Nuez moscada y la piel que la recubre, mucho más valiosa
y aromática que la nuez en sí
     También vemos en otro pueblo cómo hacen las cuerdas con la fibra del coco. Después de tener el coco durante 6 meses en agua para ablandarlo, con la ayuda de unas ruecas motorizadas las mujeres van trenzando la fibra hasta convertirla en cordones, que después pueden ser utilizados  para la construcción  o para hacer esteras y alfombras.
  
A comer
     Así van pasando las horas y llega la hora de comer. Paramos y nos sirven la comida sobre la típica hoja de banano utilizada en el sur. Luego continuamos con una barca tipo piragua por backwaters cada vez más estrechos. La sensación de paz se va apoderando de casi todos nosotros, la gente se suele hasta dormir en estos viajes tan tranquilos.

    A nosotros se nos pone a llover y tenemos que salir a refugiarnos, pero es poca cosa. Luego una vez fuera del backwater se pone a llover con gran violencia otra vez. Está visto que el tiempo no va a cambiar, el monzón ha venido para quedarse.
   
    Por la noche hay un concierto en el centro cultural de Kerala, un teatro que hay en la ciudad y donde a diario hay representaciones de Kathakali, la danza keralí por excelencia. Pero hoy toca ver un concierto de música Tabla. La tabla es una música interpretada por un sitar, un instrumento indio que por explicarlo un poco sería mitad guitarra, mitad arpa.

Danza Katakali
    El otro instrumento es la tabla, que es un timbal muy curioso que se acompaña de otro más grave. Es la música más pura de la India, sin voz, sólo sitar y percusión improvisando una melodía hipnótica y llena de sensualidad. A veces la dulzura de la música se rompe con fieros solos de percusión. Es impresionante la cantidad de sonidos y matices que el muchacho es capaz de arrancarle a dos simples tambores. El tío toca de maravilla, tiene 27 años y lleva tocando desde los 8. El del Sitar es buenecillo, pero no destaca especialmente. Lo sé porque es un concierto muy íntimo, apenas estamos 20 personas y los veo en primera fila, a apenas 3 metros desde donde estoy sentado. Al acabar el concierto podemos subir a hablar con los dos músicos, preguntarle lo que queramos y tocar los instrumentos. El Sitar es una pasada de bonito, tiene 19 cuerdas (los hay de 23 y de 26 cuerdas) y la madera está tallada con motivos florales y geométricos. Tiene incrustaciones de huesos haciendo bellos dibujos en el mástil.  Me encantó este concierto.

 
La lluvia cae con fuerza y gran intensidad sobre el puerto
      El día siguiente amanece con más lluvia. La situación está empeorando en vez de mejorar. La idea que tenía era seguir bajando hacia el sur, a Allapuzza, ir al parque nacional de Periyar a ver las manadas de elefantes salvajes  y después pasar los últimos días del viaje en la playa de Varkala, donde se conocieron Raul, Imme,Toni y Diana. La ponían como muy buena y decían que se estaba muy bien, por lo que había pensado terminar allí los últimos días del viaje y después volver a Kochi a coger un vuelo hasta Mumbai. Ese era el plan, pero.... ¿qué iba a hacer en la playa de Varkala si no dejaba de llover? 

Las garzas utilizan las islas de jacintos flotantes para cazar
     Esa mañana llegó una pareja de valencianos que nos dijeron que venían del sur. Llevaba 3 días lloviendo a raudales en Varkala. En Periyar no se podía estar, porque con la lluvia no salían los barcos que navegan por el lago y que te acercan a ver a los elefantes. Además hacia unos pocos días había volcado uno de los barcos y se habían ahogado unos cuantos hindus, con lo que aunque no hubiera llovido no se podría haber ido en barco. La única opción que te daban era ir a pie, pero se ve que está infectado de sanguijuelas ¿para qué íbamos a ir a Periyar? ¿a sufrir y no ver nada?  Nos enteramos por la prensa que estaban cayendo cantidades de agua muy importantes cerca de donde estábamos, en algunos puntos de Tamil Nadu, por ejemplo en Madrás, donde primeramente íbamos a terminar el viaje Sonia y yo, habían caído 180 litros el día de antes. Se estaban desbordando ríos, había corrimientos de tierra y había riesgo de grandes riadas. Lo que estaba claro es que había que salir de allí lo antes posible por si la cosa empeoraba. Y allí fue donde se fraguó el cambio de planes.

   
Enormes árboles en las calles de Fort Kochi
     Yo decidí que me iba a Goa, pues quería pasar los últimos días tranquilo en la playa sin hacer nada. Bastante habíamos recorrido ya el país, y además cuando estuvimos en Goa al principio de viaje pasamos por allí de puntillas pues a las chicas les entró mucha prisa por irse a otro lado. Claro, como ellas tienen playa donde viven... Raúl, se iba a Munnar y después a hacer el mismo recorrido que hicimos nosotros, pero en sentido contrario. Imme y Toni acababan su viaje 4 días antes que yo e iban a hacer lo mismo, ir acercándose a Bombay pero con parada en el sur de Goa, un par de días de tranquilidad en la playita. Y Sonia y Diana se irían al norte, cogerían un vuelo a Delhi y desde allí a Agra a ver el Taj Majal. Vamos, que se deshacía el grupo. La decisión estaba tomada, me iba en solitario a Goa.

  
A diferencia de otras ciudades indias donde abundan las vacas
en las calles de Fort Kochi hay muchísimas cabras
     Ahora sólo faltaba conseguir transporte. Aprovechando que Imme y Toni salían ese mismo día  cogí el ferry con ellos y me fui a la estación de trenes a intentar comprar el billete para el día siguiente, y eureka..... Conseguí tren, porque con tan poca antelación parecía que iba a ser difícil. Se supone que hay que reservar con tiempo, la gente dice que no suele haber plazas, pero yo hasta ahora no he tenido ningún problema. Y es aquí donde se montó ese grandísimo aguacero que os contaba al principio, que me hizo darme cuenta de que ya no sólo se trataba de salir de allí buscando el sol porque hacia 5 días que llovía.
  
     Es que me dí cuenta de que seguir así con ese volumen de lluvias podía ser peligroso, empezaban a llegar noticias de inundaciones y corrimientos de tierra en Tamil Nadu. Y esto se podía convertir en lo mismo. No quería quedarme atrapado. Me iría al día siguiente.
    Por la tarde fuimos a ver el Kathakali, el arte de Kerala, una mezcla de danza y teatro mímico. Son pasajes del Ramayana contados sin palabras. Solo los ojos, las expresiones de la cara y los complejos movimientos de manos y cuerpo van narrando la historia, que en este caso se trataba del héroe que va a matar a un diablo que está acabando con la vida de mucha gente.

     Pensaba que igual era un poco pesado, pero la verdad es que me gustó mucho. Se pintan la cara completamente de colores y luego utilizan una ropa, tocados, largas pelucas y coronas de aureola que les dan un aspecto muy impresionante. Para introducirnos un poco, al principio,  un narrador en inglés nos hizo una demostración de una serie de movimientos de manos y cuerpo para expresar bastantes cosas. La verdad es que tienen todo un idioma a base de mímica.

   
Con los compis de aventuras
      Y llegó el día de la despedida. Parecía que quería salir el sol, pero luego echó a llover otra vez. Me dió pena dejar a estos chicos. Con Sonia había compartido todo el viaje, la iba a echar de menos. Echaría también de menos el humor de Raúl. Los despedí en la puerta del hotel, yo ya me quedaba solo y tenia que pasar allí el día pues mi tren salía por la noche.
  
Se acabó el recreo
     Paseo, voy a ver como pescan, pero las redes no pueden funcionar hoy, todo su espacio esta invadido por los jacintos de agua. En los pequeños claros que se abren a veces entre los jacintos en pleno movimiento, los pescadores con redes de mano prueban suerte y algunos consiguen sacar buenas piezas de peces tigres que vienen a alimentarse de otros mas pequeños que se refugian bajo la sombra de los jacintos acuáticos. Tomo té y charlo con los conductores de ricksaws, protegidos bajo las lonas que ponen los tenderetes de té y samosas. He visto en la tele que se ha formado un ciclón que va directito hacia Bombay y Maharastra. Puede que llegue a tocar algo de Goa. Pero yo no llegaré hasta el día siguiente. Seguramente todo habrá pasado ya de largo. En Bombay por si acaso están evacuando las zonas más bajas de la ciudad, que podrían inundarse. Esto incluye al barrio de Colaba, donde estuvimos cuando llegamos al principio del viaje. Esperemos que el ciclón pase de largo y se dirija al mar, o que se disuelva y se convierta en una tormenta tropical. Ya se verá. De momento tiene intensidad 6 sobre 9.

     Por fin llega la hora de coger mi tren. Cruzo con el ferry por última vez de Fort Kochi a Ernakulam. Atrás quedaron unos días estupendos en muy buena compañía. Ahora empieza una nueva etapa de mi viaje, mi viaje en solitario.  La vida me sonríe.


lunes, 27 de agosto de 2012

Relatos desde India 7: La verde Kerala


               6 de Noviembre de 2009

Fuimos al RRR Hotel a probar la típica comida del sur. Es como la del norte, pero quizás aún más especiada, aunque menos picante. Quizás es que ya me he acostumbrado al picante y ya me parece más suave, no sé. El caso es que en esta zona es típico que en vez de en un plato te sirvan la comida en hojas de plátano y te la comas con las manos. Es muy exótico, pero un poco raro. Allí en España estamos acostumbrados a comer con las manos las costillas o las gambas o un muslo de pollo, pero no el arroz. La gente mezcla las salsas sobre un montón de arroz que se pone sobre la hoja de banano y para adentro.

     Me hace gracia porque recuerdo que mi padre siempre me decía que no se come con las manos, anda que si levantara la cabeza y me viera con todos los llenos dedos de salsa de curry...  Es una buena manera de no tener que lavar los platos ni los cubiertos. La verdad es que aprovechan totalmente la planta del banano, por un lado los sabrosísimos plátanos, por otro lado las hojas usadas como plato y luego, junto con los restos de la comida se las echan a las vacas, y por otro lado pelan el tallo y dejan la médula blanca que se come cortada a trocitos una vez cocinada. Vamos, que no queda  prácticamente nada de la planta.

 

    Anteayer nos despedimos de Imma. Ella ya acaba su viaje. La acompañamos a la estación de autobuses a coger un bus hasta Bangalore, desde donde tiene un vuelo a Bombay. Nos dio mucha pena despedirnos de ella, era la más divertida de los tres. En cierta forma también me dio un poco de envidia, pronto estará con la gente a la que quiere, lo pas,o mal durante el viaje, la comida, diarreas, catarros, fiebre.... Dijo que lo primero que se iba a comer cuando llegara sería un bocadillo de jamón, mmmmhhh.... qué rico. Es lo que tiene el viajar, que a veces también echas muchas cosas de menos, las personas, tu casa con tu cama, tu sofá, tu cuarto de baño, pero el que algo quiere.... Yo no sé qué será lo primero que coma cuando llegue, ¿quizás cordero, sepia a la plancha? tengo días para decidirlo. El viaje ahora empieza una nueva fase, ahora solo estamos dos.

  

    Después de dejarla nos fuimos de compras. Mysore es famosa por sus tallas de madera, hay muy buenos artesanos en esta ciudad y suelen utilizar la madera de sándalo, con su inconfundible perfume. Pero es una madera muy cara. El caso es que quería comprarme una talla de madera. Otros años suelo comprar regalos para mucha gente, pero este año creo que será diferente. La verdad es que tampoco he visto nada que me guste especialmente, mucha ropa y cacharrería jipilona que luego no sabes qué hacer con ella. No sé, como no me dé al final por ponerme a comprar creo que volveré ligerito de equipaje. Y viendo las preciosas tallas de madera que hacen aquí creo que este año invertiré en mi mismo.

  


     Como no encontraba tiendas, visité un par de Emporiums del gobierno. Había muebles y tallas increíblemente bonitas y con un trabajo super refinado. Pero los precios eran prohibitivos, yo creo que incluso más caros de lo que costarían en España. Y como no conseguía que me entendieran cuando les preguntaba por las  "wood carving factories" o sea, donde las fabrican, al final encontré a un señor que me lo tradujo al canara (la lengua que se habla en Karnataka) y un ricksaw me llevo hasta allí.
    


Frente a frente, mezquita y catedral conviven y compiten
por llevarse a los niños cada una a su confesión
     Bueno, bueno… Había tallas buenísimas, ahí lo difícil era decidirse por alguna. Pues había tanta variedad y tantos precios.. no me quería gastar demasiado y tenía que ser algo que me pudiera traer yo mismo, pues muchas eran demasiado grandes para traértelas en el vuelo de vuelta. Primero descarté las de madera de sándalo, pues eran como unas 3 veces más caras que las otras y me daba igual que olieran o no.
     Al final elegí un Krishna, dios de la música, una talla de cedro blanco muy elegante ¿Su precio? al cambio.... 38 euros!!!!!!  Impresionante. Por tallas más pequeñas y de peor calidad me pedían en los emporiums 400 ó 500 euros, más de 10 veces su valor en la fábrica. No quiero ni pensar cuánto costarán en España. Vamos, que me fui más contento que chupillas. 


     Una de las curiosidades que me enseñaron en la fábrica era una pequeña cápsula de madera de sándalo. En su interior había una semilla poco más grande que una lenteja. En uno de los lados había una minúscula tallita de madera blanca, era un elefante perfecto. Muy curioso y muy bonito, pero cual no sería mi sorpresa cuando me mostraron que el diminuto elefante en realidad era el tapón de la lenteja y dentro había.... ¡¡unos 20 ó 30 elefantitos de apenas un milímetro!! ¡¡con todos sus detalles!! Impresionante, me pareció magia que se pudiera tallar una cosa tan diminuta con tanto detalle. Me explicaron que se usa en astrología y en la magia.
  
Plantaciones de té en Munnar
En primer término las hojas que luego servirán de infusión
     Luego teníamos que irnos a nuestro próximo destino: Munnar, el pueblo de los campos de te. Solo había un bus diario y casi nadie conocía que se pudiera hacer directamente ese trayecto. Costó trabajo averiguarlo, pero existía la posibilidad.

    Nos presentamos a las 5 de la tarde para asegurarnos una plaza. Nos dijeron que salía a las 6. Y nos dieron las 6, las 7 y las 8 y el autobús que no venía. Se ve que se había estropeado y tenía que venir otro autobús desde Bangalore, una ciudad que estaba a 3 horas de camino. La espera fue interminable pues nadie sabía nada. Anocheció y entre las sillas de espera comenzaron a salir y a corretear ratas, no muchas, solo 3. Pero era una pasada verlas corriendo entre tus pies, cogiendo los restos de comida que dejaban las personas mientras esperaban, cáscaras de cacahuetes, trozos de galletas y de vez en cuando pasaba alguna con una hoja de periódico para acolchar su nido. La gente ni se inmutaba, era algo de lo más normal, pero no para Sonia ni para mí.

   
Las plantaciones lo cubren todo
     Empezamos a desesperarnos por la espera, yo pensaba que íbamos a tener que quedarnos a dormir otra noche en Mysore y al día siguiente cambiar la ruta. Pero entonces apareció un autobús a Ernakulam, y decidimos tomarlo. Desde allí llegaríamos a Munnar con otro autobús, pues ya dentro del estado de Kerala seria más fácil encontrar bus hasta allí. La combinación era mucho más larga y cansada, pero bueno, o eso o quedarse esperando y no nos lo pensamos.

  
Las plantaciones dibujan el contorno del suelo
     El paisaje de Kerala era muy bonito, los cocoteros y las selvas se habían apoderado del horizonte. Pasamos por grandes cascadas, bosques de bambú, cultivos de caucho y de eucalipto.  Luego el pequeño bus de transporte local que nos llevó a Munnar empezó a subir, renqueando, las duras carreteras de los Ghates occidentales, las montañas selváticas que separan la costa de las tierras altas del interior. Tras cuatro largas horas y media más llegamos a los montes de Munnar. El paisaje era sorprendente. Nunca había visto plantaciones de té. Los arbustos no son muy altos, algo así como un metro o metro veinte. Para cortar el te pasan unas varas y cortan las hojas que sobresalen, las más nuevas y de color más claro. Es impresionante ver los cultivos.  Parecen una piel vegetal que se aferra a la tierra, adaptándose a cada forma de las colinas, a cada barranco, a cada vaguada. Muy bonito la verdad.
 
    
     Las plantas tienen una base leñosa antigua y gruesa y de ahí salen las ramas, tienen forma de paraguas y están separadas lo justito para que pase una persona recolectando, por lo que al verlas desde lejos, las colinas se ven como una retícula de arbustos perfectos, todos de la misma altura. Solo las Ipomeas y las Lantanas que crecen en las lindes de los caminos rompen la tiranía monocromática del verde.

   Lo malo es que poco duró la alegría. Han entrado nubes y se ha puesto a llover. Y estamos hechos polvo. Llegar hasta aquí nos ha costado 19 horas desde que nos fuimos a buscar el autobús. Apenas hemos dormido pues la carretera tenía muchas curvas y dormíamos a ratitos. O sea que esta tarde poco se puede hacer. Toca quedarse en el hotel, calentitos y ver la tele o leer. Como una tarde de domingo lluviosa en Zaragoza. El cuerpo lo agradecerá.
 
Recolectoras del té
     Tras dormir largas horas vemos que el día nos ha traído la niebla. No llueve, pero los campos de té aparecen y desaparecen constantemente. Es una pena haber venido hasta aquí y no ver los campos en su esplendor, de un verde radiante bajo el sol y con las mujeres vestidas de vivos colores recogiendo las hojas. Pero igualmente está muy bonito.
   Cuando la niebla lo permite, vemos los ondulados campos de té dibujando el relieve de las colinas, como una piel vegetal. Nos vamos a recorrer un sendero que lleva a un mirador, pero en lugar de las plantaciones perdiéndose hasta el horizonte solo podemos ver las blancas nubes que se han apoderado de todo alrededor.

     Luego nos internamos en unas junglas que tienen un ambiente muy especial con la niebla. Los grandes árboles aparecen fantasmagóricos entre la neblina teñida de verde. Pequeños arroyos corretean bajo la alfombra vegetal, invadiéndolo todo con su sonido, se oye la voz de extrañas aves y en algunos lugares el sonido de multitud de insectos se apodera de los espacios vacíos entre las hojas. Es muy relajante.

 
Trabajadoras de la carretera
     Luego aprovecho que la niebla ha subido un poco y me voy solo a recorrer las plantaciones de té. Sonia se quedó en el hotel, y allí en la soledad, puedo apreciar la grandeza y el trabajo de estos paisajes. Veo a un grupo de mujeres recogiendo las hojas, con sus chubasqueros hechos de plástico transparente. Recorro los senderos que serpentean por las colinas, siempre acompañado por las cuidadas plantas de té. Pocos cultivos debe haber en el mundo que sean tan cuidados y mimados como estos.
 

Diminuto entre árboles gigantescos
   
  Además de té, aquí se plantan muchas especias, cardamomo, pimienta, vainilla, canela y café entre otras.
   
 Apuraremos hasta mañana a ver si cambia el tiempo y podemos ver esto con sol. Aunque parece que no va a ser así. Las nubes están muy metidas y no sopla el viento.

Quizás vayamos a ver alguna cascada, hay unas cuantas por esta zona. Y si no nos iremos a nuestro próximo destino: la ciudad de Kochin.


    El viaje debe continuar, nuevos destinos nos esperan. Como dice la canción de Queen, Show must go on.

Con o sin lluvia, las recolectoras del té se afanan en recoger las valiosas hojas
 

jueves, 5 de julio de 2012

Relatos desde India 6: La bendición del elefante



         3 Noviembre 2009

          El elefante cogió la rupia de mi mano y a continuación me tocó la cabeza con su trompa. Era muy pesada, pero la puso con bastante delicadeza sobre mi cabeza, cosa bastante de agradecer, pues había visto como a otros les había tocado con un poco más de fuerza. La verdad que me dan un poco de miedo los elefantes, desde que vi en el youtube lo que son capaces de hacer con la gente cuando se les cruza el cable y les da la locura, algo que ocurre con más frecuencia de lo que pensamos.

    

    El caso es que estaba en el templo de Hampi y allí es tradición que un elefante te dé su bendición tocándote la cabeza. Estaba elegantemente adornado, con una armadura dorada sobre su frente, pinturas de colores en las orejas y cubierto por una manta roja. Es como los engalanan en esta zona. La ciudad de Hampi es una ciudad sagrada para el hinduismo y está llena de peregrinos.



    
     Son los que vi la otra noche durmiendo en el patio. Otros muchos duermen en hostales especialmente dedicados para ellos. Los ves con sus ropas blancas, sus frentes pintadas con la U de Shiva, otros con tres trazos horizontales amarillos sobre la frente, cada uno con sus signos. Había también muchos Hare Krishna. La verdad es que hasta ahora era el ambiente más religioso que habíamos encontrado en toda la India.

  
    En el río los peregrinos se bañaban, hacían sus plegarias sobre pequeños altares improvisados y otros lavaban sus ropas, extendiéndola luego sobre las orillas para secarla. El colorido de los saris extendidos sobre los pequeños ghats (o escaleras para bajar al río) era espectacular. Al fondo las siluetas de pequeños templos sobre las grandes rocas dentro del cauce del río. Más allá, las rocas amontonodas por los gigantes....  Era como una especie de Benarés en pequeñito. Al ser una ciudad sagrada no hay carne ni alcohol, la dieta es estrictamente vegetariana, pero hay mucha oferta y comemos bastante bien. Para los que no lo sabéis, deciros que la India es un país donde más de la mitad de la población es estrictamente vegetariana.
    
  
      Hoy hay mucho movimiento en Hampi. Han venido muchos peregrinos y en el gran templo hay una boda. Nunca había visto una boda hinduista y me quedé a ver la ceremonia. Hacen unas guirnaldas de flores y se las colocan a los novios, luego la novia esparce unos polvos de diversos colores sobre una bandeja llena de cocos.

      Luego se echan granos de arroz teñidos de colores, primero entre ellos y luego a todo el personal que estaba alrededor. La música suena de fondo. Son tambores y unas trompas curvas, con forma de cuerno de elefante.

   
 Los músicos visten de blanco con turbante amarillo. La verdad es que es bastante más alegre y espectacular que nuestras bodas.

  
La señora con la que me querían casar
       Luego los allí presentes empiezan a bromear conmigo y a decirme que me quieren casar con una señora que hay allí. Me da la impresión que se están burlando de ella. Es una señora de unos 40 o 45 años que está participando activamente en la ceremonia. Las burlas siguen y todo el mundo se ríe. Creo que esta mujer debe estar señalada de alguna manera en el pueblo, no sé, como si tuviera algún estigma que pagar de su pasado, algo así como una madre soltera o esposa infiel. No sé, me molesta que se rían de ella a mi consta.

   
     En el templo destaca la gran Gopuram, de unos 50 metros de altura, y su patio porticado. Las columnas están hábilmente esculpidas. Luego tras el templo central propiamente dicho, hay unos cuantos altares menores donde la gente hace sus ofrendas de dinero, incienso y flores y recibe el agua sagrada de los brahmanes. La verdad es que es bastante bonito de ver.



     Una forma de misa distinta, sin sermones, de tú a tú, los dioses y tú, pues los brahmanes sólo intervienen para cantar, dar el agua bendita que los fieles beben y de vez en cuando pasar una lámpara con el fuego purificador.

  
        Fuera en la calle hay mucho ambiente hoy también. Viene un ministro de visita y hay mucha policía y hasta una unidad móvil de televisión. Grupos de percusionistas tocan ritmos desenfrenadamente, unos con pañuelo rojo en la cabeza, son unos 15 y el que lleva el bombo gira sobre si mismo con mucha energía, usando el bombo de contrapeso. El otro grupo de percusionistas es algo más pequeño y visten con un atuendo que parece africano, como unas pieles de tigre. Estos además de tocar se dedican a hacer acrobacias y piruetas sobre los tambores. Es muy espectacular verlos actuar. Pero no podemos quedarnos más, debemos coger un tren en Hospet, que nos llevara a Hubli, y allí tomar un tren nocturno a Mysore, nuestro próximo destino.

  
      Pero antes contar brevemente que el dia anterior alquilamos un ricksaw (es como un motocarro, pero de pasajeros muy habitual en India como taxi)  y nos fuimos a ver muchos de los templos que hay esparcidos por estas montañas.
    
Establos de elefantes, los antiguos garajes
    Vimos los grandes establos donde antes guardaban a los elefantes de los reyes Virijayanas, algo de los restos de sus palacios y algún templo bastante espectacular, pues están profusamente decorados con bellas y finas esculturas a pesar de la dureza del granito con el que están construidos.


     Menudos artistas, qué manos más diestras,  qué perfección conseguida sólo a base de martillo y escoplo.
     Y si estos templos me gustaron debo admitir que la naturaleza circundante casi me ha gustado más todavía. Es una dura competencia la de la escultura del hombre con la de la paciente erosión.

    La verdad es que hay formaciones espectaculares y la única pena es que hay una calima que difumina las formas lejanas, y no sé cómo se apreciará en las fotografías. El monzón ha terminado hace apenas 3 semanas y toda esa humedad está saliendo ahora del suelo dándole ese aspecto de calima a estos paisajes sorprendentes.

   
     Para terminar el día vamos a ver la puesta de sol a lo alto de uno de estos montones rocosos. Allí arriba hay un monasterio hare krishna. Se ve que los tíos están tocando música 24 horas al día, como para tenerlos de vecinos vaya… El lugar es tremendo... Desde las viseras de roca podemos contemplar un inmenso horizonte, el valle verde con su río serpenteante, la carretera que se ve diminuta desde aquí arriba, los palmerales, los montones de bloques de granito esparcidos por todas partes y al fondo, el perfecto disco naranja del sol que lo va tiñendo todo con su luz rojiza.

    Es una puesta de sol grandiosa, en un sitio privilegiado.  Creo que me costará olvidarla.
  

   


    
      Al día siguiente, después de la boda, los tambores y demás, nos vamos de Hampi. Tenemos que ir hasta Hospet, el ambiente es bastante curioso allí, la gente lava los coches y camiones en el río, que es de color rojizo por la cantidad de arcilla que lleva disuelta. Todo adquiere un tono rojizo allí, pues además de los vehículos también lavan en el río la ropa y a ellos mismos. Las chabolas de madera y plástico contrastan con el lujoso hotel en construcción, un gran palacio que está en obras pero que ya luce en la entrada una enorme lámpara de araña con multitud de cristalitos.

  
     Hay un poco de confusión en la estación de Hospet, pues primero nos habían dicho que nuestro tren salía a las 4, luego que a las cinco, luego que a las 4 otra vez y finalmente salimos a las 4 y media, pero no era un tren expreso como nos habían dicho y nos habían vendido los billetes, sino un regional o local, vamos lo que vulgarmente los viajeros conocemos como borreguero.  Es decir que todos esos cientos de personas que estábamos atestando el  andén teníamos que entrar en el tren que ya venía bastante lleno.
      Bueno, ahí hubo de todo, empujones, codazos, menos mordiscos creo que de todo. Tuvimos que luchar y ponernos un poco burros como ellos, pero al final entramos. Eso si, no veas para moverte dentro.... Después de un rato de apreturas conseguí hacerme con una de las literas superiores y allí entre equipajes pude hacer el viaje medianamente cómodo. Al rato Imma consiguió hacerse con otra litera y Sonia tuvo que compartir asiento con ni se sabe cuántas personas y 4 o 5 bebés.
     
La estación de Hospet
     Es una pasada, con todos los que son y todavía siguen naciendo muchos más. No sé dónde se van a meter, la verdad.  Bueno, el tren era para verlo, desde la litera de arriba yo no veía nada más que cabezas, pero la vendedora de cacahuetes, con la gran bandeja que portaba conseguía atravesar la multitud pregonando la mercancía. Si tiro algo desde arriba no toca el suelo. La única preocupación es que como estos trenes paran en todos los pueblos del camino no sabíamos si íbamos a llegar a tiempo a Hubli para nuestro trasbordo. Pero finalmente lo conseguimos y la experiencia resultó finalmente divertida y curiosa. Haciendo tablas....  

    
Interior del borreguero
      Con el otro tren no hubo problemas, realmente era un expreso y teníamos nuestras literas numeradas, o sea que hasta pudimos dormir, aunque no mucho pues finalmente hemos decidido bajarnos antes de llegar a Mysore y aprovechar que pasamos por Hassan para hacer una excursión de día que recomiendan las guías. O sea que ponemos el despertador y a las 4 y media de la mañana llegamos a Hassan. Allí cogemos un ricksaw y vamos a la estación de autobuses. Hay algo de gente y movimiento pero la consigna está todavía cerrada. Hace frío y nos abrigamos como podemos. Finalmente a las 6 abren la consigna y dejamos allí el equipaje. Luego cogemos un bus y nos vamos a Belur que esta a 45 kilómetros a ver un templo, máximo exponente de la arquitectura Hoysala. La verdad es que fue una aventurilla bastante chula.


     El templo era bastante guapo y la escultura de un detalle finísimo. Luego vimos una pequeña ceremonia que hicieron dentro y ya cogimos otro autobús para volver a Hassan a buscar nuestro equipaje. Y luego otro autobús que tras tres horas atravesando verdes campos de arroz nos llevó hasta Mysore, desde donde os escribo ahora.

  
      ¿Y qué decir de Mysore? pues que es una ciudad un poco atípica. El ambiente es muy bueno aunque a determinadas horas hay mucha, mucha, mucha gente en las calles. Esto es un bazar gigantesco y los gremios se aglutinan por calles, aquí los zapateros, allí los de ropa, aquí la electrónica, allí los libreros… El mercado de frutas y hortalizas es inmenso y lleno de colorido, el paraíso para un fotógrafo. 

   Hay muchos jardines por toda la ciudad y muchos edificios con una arquitectura bastante curiosa, algunos son restos de la colonia británica y otros son de estilo Indo-musulmán, bastante espectaculares con sus grandes cúpulas de relucientes colores.

 

Brahamanes antes de la ceremonia

      Pero la gran atracción de la ciudad es el Gran Palacio. Lo hemos visitado esta mañana y me ha gustado muchísimo, la verdad. El gran edificio lleno de ventanales y rematado por varias cúpulas rojizas es de nueva construcción, de principios del siglo XX pues el anterior palacio se quemó en un incendio. La pena es que no dejan hacer fotos dentro, porque de verdad que es de cuento de Aladino, con sus grandes salas llenas de curiosas columnas rematadas con arcos lobulados. Todo pintado de colores muy chillones que le dan un aire muy kitsch.


Palacio de Mysore

    Los techos y puertas exquisitamente labrados, techos de vidrio de colores imitando plumas de pavo real. Puertas intrincadamente labradas  ¡¡¡completamente de plata!!!!  Otras de una refinada y grandiosa taracea, de madera de sándalo lleno de bellas incrustaciones de nácar y de hueso con finos dibujos. El trono de plata y las sillas de invitados.....¡¡¡de cristal tallado!!!!  Nunca había visto nada igual.  Los palacios del Rajastan palidecerían comparados con este. No soportarían la comparación. No soy mucho de ver palacios, pero esta ciudad se merece una visita sólo por ver esta maravilla.
        Bueno, cómo me he enrollado hoy. La verdad es que hacía días que no escribía y había mucho que contar. Ahora me voy, pues Imma ya acaba su viaje, mañana se va a Bangalore a coger un vuelo que la llevará a Bombay y desde ahí a casita. Sonia y yo seguiremos un par de semanas más. Mañana cambiamos de estado, nos vamos a Kerala. Concretamente llegaremos a Munnar, el lugar de las montañas donde están las mayores plantaciones de te la India. Un espectáculo para la vista. Otro tipo de espectáculo después de tanto templo. Ya os contaré.